Doce cócteles más para seguir la proyección: capítulos 49 al 60 de El celuloide etílico

Doce cócteles más para seguir la proyección: capítulos 49 al 60 de El celuloide etílico

Ya llevamos cuarenta y ocho capítulos recorridos de este viaje sorbo a sorbo por El celuloide etílico. Cócteles en pantalla grande. Hoy toca una nueva entrega: los capítulos que van del cuarenta y nueve al sesenta. Más películas, más cócteles, más anécdotas personales y más ganas de compartir una copa contigo. Así que siéntate, pon tu película favorita de fondo y acompáñame en esta nueva ronda.

Abro este bloque con el Cheek to Cheek, un cóctel que nació para ser compartido mejilla contra mejilla, como la canción de Fred Astaire. Lo asocio a la película Inteligencia Artificial, la obra que Stanley Kubrick ideó y Steven Spielberg terminó, donde Jude Law hace de Gigoló Joe, un robot seductor que recorre las coctelerías de una Manhattan sumergida. El cóctel lleva Amaretto, vodka, licor de frambuesa, jarabe de lima y zumo de piña. Es suave, romántico y te promete un futuro de seducción, aunque sea entre robots.

Luego llega el Bacon con huevo, un cóctel que inventé la noche que murió Francis Bacon, el pintor irlandés de la Escuela de Londres. Fue el 28 de abril de 1992, y aquella misma noche, en el bar En el Salón, serví esta variante del Manhattan con whiskey irlandés, vermut rosado, angostura y un huevo de codorniz cocido que no para de girar en la copa. Si pones la copa bajo un foco halógeno, el efecto es hipnótico. Lo acompañamos de una rayita de sal en una rabanera, para comer el huevo al final. Un cóctel que es un homenaje, una broma y un recuerdo, todo al mismo tiempo.

El capítulo cincuenta y uno es para el Absinthe Cocktail, el hada verde que alucina a Ewan McGregor en Moulin Rouge. Tras el primer sorbo de absenta, el joven provinciano que llega a París ve aparecer a Kylie Minogue cantando la canción del hada verde. La absenta tiene una larga leyenda negra: la bebían Van Gogh, Gauguin, Verlaine y Rimbaud, y la prohibieron en casi todos los países por su supuesto poder alucinógeno. Hoy ha resurgido, y en este capítulo te enseño a prepararla a la vieja usanza, con el terrón de azúcar sobre la cucharilla perforada, y también en cóctel, con clara de huevo, crema de menta y agua de azahar. Un viaje a la bohemia parisina sin moverte de casa.

Luego viene el B&B, un cóctel que rinde homenaje a Brigitte Bardot, el mito erótico de los años cincuenta. B&B son las iniciales de la actriz y también las de sus dos ingredientes: brandy y Benedictine. El brandy, mejor si es de Jerez, y el Benedictine, ese licor conventual que elaboran los monjes en Normandía desde el siglo XVI. Es un cóctel equilibrado, digestivo y estimulante, perfecto para una sobremesa elegante o para recordar aquella época en la que el glamur y el alcohol iban de la mano.

El capítulo cincuenta y tres es un regalo burbujeante: el Mickey Mouse. Ese cóctel infantil que en Pulp Fiction se convierte casi en la bebida de un asesino. John Travolta, en el papel de Vincent Vega, pide un filete «sangriento como el infierno» y una Coca-Cola de vainilla en el Jack Rabbit Slim’s, el restaurante temático donde todas las camareras parecen estrellas de Hollywood. El Mickey Mouse, para los más pequeños, es Coca-Cola con una bola de helado de vainilla, nata montada y dos cerezas. Para los mayores, siempre podemos añadir un chorrito de ron y convertirlo en un Cubalibre. O en un RAF, que es lo mismo pero con ginebra. Y, por supuesto, no olvido el calimocho, esa mezcla de vino tinto y Coca-Cola que tanto ha sido vilipendiada pero que, en su origen, era un Wine Coke que los italianos tomaban en sus veraneos más glamurosos. Todo es cuestión de perspectiva.

El capítulo cincuenta y cuatro está dedicado al Stinger, ese cóctel que en Gorky Park es calificado como «bebida de putas» por un amigo del protagonista. William Hurt, en el papel del policía Arkady Renko, lo pide en un bar moscovita sintiéndose un perdedor, un vendido al mejor postor. El Stinger lleva brandy y crema de menta blanca. Es potente, reconfortante y perfecto para combatir el frío. En Estados Unidos, los esquiadores lo llevan en petacas para entrar en calor. Yo te recomiendo que lo tomes despacio, junto a una chimenea, mientras ves nevar en la pantalla.

Luego llega el Pearl Harbor, un cóctel que rinde homenaje a la mítica ciudad hawaiana a través del Midori, ese licor de melón verde que se puso de moda en los años setenta. La película Pearl Harbor, de Michael Bay, está llena de referencias al alcohol: pintas de cerveza inglesa, chupitos de whiskey, champán francés y, por supuesto, un cóctel de color verdoso que la enfermera toma en el Black Cat Diner. El Pearl Harbor lleva vodka, zumo de piña y Midori. Es refrescante, frutal y te transporta a esas islas donde la guerra y el amor se mezclaron en un solo día de infamia.

El capítulo cincuenta y seis es para el Casino, un cóctel que lleva el nombre de uno de los templos del juego. Lo asocio a Ocean’s Eleven, la película de Steven Soderbergh donde George Clooney y su pandilla planean el robo del siglo en Las Vegas. El Casino lleva ginebra, zumo de limón, marrasquino y angostura. Es un cóctel seco, elegante y con mucha vista, como los buenos jugadores de póquer. Y de paso, te cuento el Cóctel del millón de dólares, que nació en el Long Bar del Hotel Raffles de Singapur y que también aparece en esta historia.

Luego viene el Blue Moon, un cóctel que juega con el amor y la nostalgia. El nombre hace referencia a la segunda luna llena del mismo mes, y también a la canción de Rodgers y Hart que suena en Notting Hill, la comedia romántica de Hugh Grant y Julia Roberts. El Blue Moon lleva ginebra y Curaçao azul. Es semiseco, digestivo y te transporta al mercado de Portobello, a la lluvia de Londres y a los amores imposibles que siempre funcionan en el cine.

El capítulo cincuenta y ocho es para el Café irlandés, ese abrigo caliente que inventó Joe Sheridan en 1943 para reconfortar a los pasajeros de un avión que tuvo que regresar a la base aérea de Foynes en Irlanda. La receta original: whiskey irlandés, azúcar moreno, café negro fuerte y nata montada. No se remueve, se bebe a través de la nata. Aparece en Blow up, la película de Antonioni, y también en muchas otras cintas. Es el café de los días fríos, de las conversaciones largas, de los finales felices que a veces tardan en llegar.

El capítulo cincuenta y nueve es para el Long Island Iced Tea, ese cóctel que es todo lo opuesto a un té. Lleva tequila, vodka, ron blanco, ginebra, Cointreau y un chorrito de Coca-Cola para que parezca té. Es potente, engañoso y muy popular entre los que quieren emborracharse sin que se note. En Lo opuesto al sexo, una adolescente embarazada lo pide y sus amigos la recriminan. Yo te recomiendo que lo tomes con cuidado, y que no te dejes engañar por su apariencia de té helado.

Cierro este quinto bloque con el Red Eye, el cóctel que sale en Cocktail, la película de Tom Cruise, y que premio en mi libro como el premio al peor cóctel de la historia. Lleva vodka, zumo de tomate, cerveza, un huevo crudo y dos comprimidos de paracetamol. No te lo recomiendo. Pero sí te recomiendo otros cócteles rojos como el Bacardí Cocktail, el Red Lion o el Red Snapper, que son mucho más dignos y mucho más sabrosos. El cine también tiene sus malas ideas, y esta es una de ellas.

Con estos doce capítulos sumamos ya sesenta. Una buena parte del camino. Pero aún quedan veinticuatro más. Películas, cócteles, recuerdos y alguna que otra locura. Si quieres seguir acompañándome en esta ruta de cine y copas, el libro está esperándote. Y si lo prefieres dedicado, con envío sin gastos y con la firma de quien ha estado tras la barra y delante de la pantalla, ya sabes cómo contactarme. Salud y cine.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

Lo más leído