EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Entiendo tu criterio (un torpedo lanzado a la línea de flotación de cierto buque o similar), al que no le falta razón. Empero, coincido con François de La Rochefoucauld en su parecer de que, “ningún disfraz podrá ocultar durante mucho tiempo el amor donde esté; ni fingirlo donde no exista”. Estoy completamente convencido de que si mudo “amor” por “talento” la cita o frase del escritor francés mantiene toda su verdad y vigor.
Recuerdo un cuento sobre dos halcones (uno que volaba y otro que no). Nadie supo dar razones al rey, a quien se los habían regalado, de por qué uno de ellos no volaba. Hasta que llegó a palacio un hombre sensato (sabio), le cortó la rama donde este se hallaba asido y entonces, al parecer, el halcón que no volaba se dio cuenta que de tenía alas y que podía volar.
Comprendo que la llames santa, sin serlo sensu stricto. Porque, por ahora, para la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, Madre Teresa de Calcuta solo es beata, pero va camino (o está en proceso) de ser (más pronto que tarde) santa.
Ciertamente, hay que creer en que todo lo posible puede suceder, pero no basta con querer que los hechos ocurran. Para favorecer que los acontecimientos tengan lugar conviene no poner obstáculos (muros, tapias o vallas) que dificulten que los mismos acaezcan.
Al menos, una vez he leído y varias veces escuchado el imborrable y postrero versículo, el 31, del capítulo 12, y los inmarcesibles y primeros ocho del capítulo 13 de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios:
“Hermanos:
“Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional.
“Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
“Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
“Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
“Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”.
El amor es un asunto muy serio, pero al tal, de cuando en vez, y/o de vez en cuando, le vienen estupendamente unas cuantas sesiones de risoterapia (a las que no hace falta que asista, necesariamente, el o la terapeuta).
Te saluda, aprecia y abraza (y encarga que saludes a tu esposa y a tu compañera de labores o tareas)
Ángel Sáez García
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