El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Breve sátira moderna

BREVE SÁTIRA MODERNA

“No ignoro que la razón por la que, desde que el mundo es (in)mundo, la censura siempre la suelen leer unas/os para otras/os y otras/os para unas/os y ninguna/o para sí es la altivez/a, por otro nombre, soberbia”.

Eladio Golosinas, “Metaplasmo”

Cuando, en la grata compañía de dos de mis mejores amigos, Soledad y Silencio, me da por echar la vista atrás, quiero decir, leer libros de historia, y, empapado de los mismos, de tanta gloria (y/o de tanta escoria), por comparar la grandeza que vivió España en su mejor momento con el actual, corrupto, estomagante, grosero, grotesco y misérrimo estado a que ha llegado este Estado de derecho, más proclive al aborto que a seguir en estado de buena esperanza, consecuencia lógica de la desvergüenza a raudales de muchos, la incoherencia audaz, la ignorancia supina y la venalidad temeraria de tanto tonto, tanto mandamás desleal y tanto estadista escapista o estatuario, me brotan, a borbotones, tres amigos más, Enojo, Indignación y Lástima, que no logra esconder, aunque se tape la cara con ambas manos, la pareja de lagrimones que surcan sus mejillas, o sea, la pena.

Una vez ha sido descartado, por manifiestamente irónico, el ditirambo, el panegírico, ha quedado en pie la sátira. Ahora bien, el hacedor de la misma no será esta vez servidor, ya que, habiendo mediado un sinfín de solicitudes, he decidido cederle muy gustosamente los trastos de urdidor a un álter ego mío, Emilio González, “Metomentodo”, coñón o socarrón impar. Ergo, en esta ocasión, me limitaré, exclusivamente, a hacer las veces de amanuense o copista, porque don Emilio, desde que le operaron de cataratas, anda, según dice él unos días, medio ciego y/o, según otros, ciego entero (queda terminantemente prohibido ver aquí una crítica velada a su proverbial embriaguez). Así que, le ruego, encarecidamente, desocupado lector (ella o él) de estas líneas, que no la tome conmigo, porque me ceñiré a desempeñar mi rol, o sea, ser mera mano notarial de lo que salga por la mui de don Emilio. Si usted juzga que hay razón en lo que González trenza, el mérito será de “Metomentodo”; si, por el contrario, considera que no la hay, el demérito también será suyo; a él y solo a él le corresponderá.

“Cuando estés preparado, me das un toque en el hombro y empezamos.

“Aunque no faltará quien me llame necio por presentarme voluntario para limpiar de bóbilis, sin cobrar un solo euro, el albañal, el establo o la sentina que ha devenido, por culpa de una pésima hornada de políticos, sobre todo, el Estado, pues acaso me vea falto de reflejos, de conocimientos, de rigor y aun de vigor, le objetaré que he hecho fabricar para mí y para mi lazarillo sendos cincundantes escudos protectores para frenar los posibles capones (de ceniza) de cuantas/os se sientan ofendidas/os por mis líneas y sendas escafandras para sortear las miasmas, el hedor.

“Aquí, en España, que, por el camino que vamos, pronto se verá en la tesitura de tener que mudar su nombre por el de Expaña, por lo general (ya sé que exagero, ya, sí, pero mi natural inclinación por la hipérbole tiene como causa, esencia o quid el agua —que, aunque no la bebo, lava mi piel, mis pelos y mis uñas— del Ebro), el político que no es un botarate es un majamajaderos y viceversa, el que no es un azotazotes es un bobo de remate. En las hemerotecas del país se pueden hallar cientos de ejemplos que prueban, de manera fehaciente, cuanto acabo de aseverar. Hay políticos que dan hasta tres versiones de un mismo caso, hecho o suceso, y puede que, tal vez, en ninguna digan la verdad entera, esto es, embelequen en las tres. Hay políticos que, cuando no mienten, hacen declaraciones tan estrafalarias, ridículas o, sencillamente, mentecatas, que parece que mienten.

“Y, para terminar lo que me había propuesto trenzar, me dispongo a dictar la epístola que remitiré a mi dilecto amigo Manuel, por esta razón de peso, porque, de todos los destinatarios de mis misivas, es el único que ha guardado todas las que le he enviado durante los tres últimos años.

“Dilecto Manuel:

“Esta tarde, durante la media hora escasa que, por término medio, suelen durar mis siestas, he tenido el sueño más delirante y desternillante, que yo recuerde, de mi más que mediada existencia.

“Tras comer, recoger la mesa, fregar los cacharros y aviar a mi anciana progenitora, Gregoria, que acostumbra a sestear tendida decúbito supino en el sofá del salón, me he tumbado en la cama y me he echado una manta por encima. Una vez he conciliado el sueño, he dado rienda suelta a mi imaginación, que, nada más verse libre, sin trabas, ha ido y venido, de acá para allá y viceversa, ad líbitum. Cansada, acaso, de tanto trajín, se ha disfrazado de diablo cojuelo y ha decidido permanecer suspendida en el aire al objeto de ver una obra absurda, tal vez un esperpento, que, en ese preciso instante arrancaba en el teatro Gaztambide. La pieza, ciertamente, ridícula, estaba en su parte más divertida o hilarante cuando, de modo inesperado, ha empezado a sonar la alarma de mi móvil y me he quedado sin saber cómo acababa la cosa. He intentado volver a dormirme para ver si así lograba retomar el hilo del dislate o la patochada que estaba viendo y riendo, pero ha sido en vano.

“Lo último que recuerdo haber visto entre brumas ha sido cómo muchas de las personas que atestaban y apestaban la lata bodega de un buque y que habían sido condenadas a más de quince años de cárcel por diversos delitos de corrupción, y viajaban presas en dicho barco a donde muchos delincuentes la palman, la isla de La Palma , en cuya penitenciaría iban a cumplir la pena impuesta, una vez la nave ha empezado a hacer agua, se han metamorfoseado de repente, bien en ranas, bien en ratas. Quienes, por ignoto motivo o porqué, no han sufrido la mencionada transformación, las menos, una decena o, como mucho, una docena, han subido a la barcaza que comandaba el capitán, a condición de que, a modo de apóstoles, predicaran por doquier, donde fueran, qué puede depararles el futuro, lo que está por venir, a las/os que corrompen o se corrompen, a las/os que compran voluntades y/o la venden o se venden.

“Si otro día sueño el final que hoy me ha escamoteado la alarma de mi móvil, suceso, como conjeturas, escasamente verosímil, te lo haré saber.

“Te manda saludos y abraza tu amigo

Emilio González, ‘Metomentodo’”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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