El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CLXXIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CLXXIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Ciertamente, tempus currit ut volet. Estando estudiando en Navarrete, recibiendo la inmejorable educación que nos brindaron los inmarcesibles padres Camilos, tuve conocimiento, que no miento, de que hubo algún postulante, exalumno de nuestro a la sazón profesor de Latín, el padre Daniel Puerto, o excompañero de alguno de nuestros docentes y formadores entonces, los padres Arteaga, López, Pellicer, Piérola o Sánchez, tal vez, que tradujo el latinajo de esta guisa: “El tiempo corre que se las pela”. Luego, tras leer a Immanuel Kant, llegué a la conclusión de que el tiempo, al ser una forma pura a priori de la sensibilidad, es siempre el mismo, ergo, no cambia; que somos nosotros los que mudamos y/o pasamos, no él.

Hoy no lamento contradecirte. Y explicaré el porqué a continuación. Además, usaré tus propias palabras para idear el argumento con el que pretendo persuadirte. Los renglones que conforman tu comentario hodierno, aunque a ti, por la razón que sea (acaso, como das a entender, durante la presente tarde estés experimentando un bajón anímico —si es así, ¡arriba ese espíritu!, sursum corda!—), no te parece que contengan poesía, la tienen y, además, concentrada.

Mi demora en contestarte tiene motivo o razón. Ayer, mi hermano Eusebio y yo subimos por la tarde con nuestra madre al HRS. El tubo derecho de la correspondiente nefrostomía se había atorado u obstruido. El urólogo de guardia, el doctor de Pablo, se encargó de solventar provisionalmente, al menos, el problema.

Las gracias te (os) las tengo que dar yo a ti (vosotros). Si tu (vuestro) comportamiento conmigo no hubiera sido digno de elogio y gratitud, los versos que he dirigido a Blasa, tu señera y señora progenitora, no hubieran brotado como lo han hecho, naturalmente, sin apenas esfuerzo. Ya conoces el dicho dichoso que no conviene olvidar nunca: de bien nacidos es ser agradecidos.

Pues siéntete grande; porque para mí lo eres. No olvides lo que dijo y dejó escrito en letras de molde Juan Manuel Fangio: “Siempre hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor”.

Abundo o coincido totalmente en la censura que haces de esos comportamientos machistas (no solo llevados a cabo por varones, por cierto), en la crítica (siempre será bienvenida, bienhallada, bienhadada, si sirve para corregir actitudes enmendables, reprensibles; si tiene consecuencias positivas para quienes sufren los desmanes de los poderosos, de quienes ostentan o detentan el poder) del cinismo o la hipocresía que cabe leer y ver, como aún ocurre en muchos países del mundo inmundo. La lapidación de una mujer no solo se puede leer en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Todavía acaece hoy en día. Es indignante que el testimonio de un varón valga lo mismo que el de dos mujeres, verbigracia.

Te has puesto sereno, serio y severo. El asunto lo requería. Ciertamente, como señalas, ¡cuánta falta nos hace ejercitar más la voluntad, esa potencia del alma humana! Sin dejar de lado u olvidarnos, por supuesto, de las otras dos, la inteligencia y la memoria.

Te saluda, aprecia, agradece (ab aeterno) la poesía (concentrada, sí, que hoy, tú, al estar de bajón, no aciertas a ver, pero está) y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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