¿NO VES MONO A MONEDERO?
(¿DEL MONO NO ES DIGNO HEREDERO?)
Las líneas que siguen, que preceden a mi décima hodierna, las urdí solamente para que las leyeran cuantas/os ahora, cuando pasan su vista por ellas, tienen conocimiento concreto de la noticia sobre la que escribí mi breve poema, si es que todavía queda por ahí alguien que no tenga constancia del acto, y, de esta manera, pueda comprender el sarcasmo que recorre en toda su extensión mi espinela.
Esto es lo que tuiteó anteayer, jueves, 15 de diciembre de 2016, Juan Pedro Yllanes en su cuenta de Twitter:
“No voy a permitir la intimidación. Y por supuesto no dejaré de denunciarlo si así ocurre. Os lo cuento en mi canal: https://telegram.me/jpyllanes”.
En un texto adjunto, transcribió lo que allí había trenzado sobre el particular y podemos leer a continuación:
“Hoy en el comedor del Congreso he sido amenazado por el compañero Juan Carlos Monedero quien me ha advertido que hasta febrero puedo decir cosas que a él le molestan pero que cuando todo vuelva al orden, tenga ojito con lo que digo.
“Estas actitudes me parecen repugnantes y no van a impedir que siga dando mi opinión sobre qué Podemos necesitamos. No me callé en mi carrera judicial y no decidí participar en política para callarme.
“Como comprenderéis, como juez y como persona, no puedo dejar pasar la intimidación”.
Uno, tras leer los susodichos vocablos, solo pudo decir a todo amén.
La película o versión de los hechos que dio Monedero (¿tras metamorfosearse el lobo en cordero?) fue otra, diametral y/o radicalmente distinta, por supuesto. Y, así, habiendo transcurrido unas horas del desencuentro, el diputado, tras leer que para Monedero todo había sido un malentendido y que el profesor universitario sentía un cariño especial por él, dio por buenas sus disculpas y el suceso intimidatorio por zanjado.
Ahora bien, cabe hacer a quien/es pueda/n dar las respuestas satisfactorias o hacerse uno mismo, al menos, unas cuántas preguntas al respecto: ¿Alguien cree o piensa, de verdad (de la buena), que el juez de la Audiencia de Palma, que iba a formar parte del tribunal que debía juzgar el “caso Nóos”, se inventó todo esto? ¿No hay ni siquiera medio testigo, por teniente que esté, de lo acaecido? ¿Nadie escuchó nada (de nada)? Acaso venga a propósito de lo leído arriba, como alianza al anular, por su coincidencia en el ideario, rememorar los tres versos endecasílabos con los que arranca la “EPÍSTOLA SATÍRICA Y CENSORIA CONTRA LAS COSTUMBRES PRESENTES DE LOS CASTELLANOS, ESCRITA A DON GASPAR DE GUZMÁN, CONDE DE OLIVARES, EN SU VALIMIENTO” de Francisco de Quevedo, escrita en tercetos encadenados: “No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”.
Aunque dicen que es doctor,
Y que de lo suyo sabe,
¿Encontraré a quien alabe
Al del desmán sandio autor,
De Podemos fiel fautor?
¿En los círculos morados
Hallaré a diez indignados
Con los vocablos que Yllanes
Escuchó? Pues los desmanes,
Si se prueban, son penados.
Ángel Sáez García
[email protected]