EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCC)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
El amor, al parecer, vampiro, que has ideado, pergeñado y venido a pintar aquí, en la bitácora que gestiono, en tu más reciente comentario, ha tenido su consecuencia o corolario, pues tanto has absorbido, chupado o succionado, tanto, que te has bebido en un santiamén hasta la segunda be de absorber (observa que absorber se escribe y debe llevar, por tanto, dos bes). No te enfades conmigo, que todos los seres humanos (ellas y ellos), todos, sin excepción, a pesar de los ímprobos esfuerzos que muchos hacemos en dar de lleno en el blanco o centro de la diana, en acertar, aunque solemos poner todo nuestro empeño en no cometer más errores, erramos (andamos vagando) por la vida marrando un día sí y otro también.
Sin querer, sospecho, supongo, pero puedo equivocarme, así que acertaré si hago todo lo posible para que conste de antemano en la presente acta dicha posibilidad, has venido a recordar (a mí, al menos, me ha parecido así) en el segundo parágrafo de tu escolio lo que dejó escrito en letras de molde Ralph Waldo Emerson, que “todo hombre es una divinidad disfrazada, un dios haciéndose el tonto”.
Sigue cultivando ese humor, que, a modo de valla (vaya, vaya, con la vaya que hace las veces de valla) nos salva de caer a tantos tontos (en tantos momentos de nuestra vida) en tantos abismos, infiernos o precipicios como nos rodean por doquier.
Entiendo el punto de vista de Adorno, pero, como haces tú, yo tampoco comparto su perspectiva sobre el asunto en cuestión, pues este menda, mero aprendiz de ruiseñor, con mejor o peor fortuna, escribe poemas casi todos los días. Algunos de los tales tienen que ver, precisamente, con censuras o denuncias a las varias barbaries actuales, diarias, hodiernas, que en esta parte del inmundo mundo, en esa o en aquella del orbe (donde, seguramente, no faltará la realidad que a alguien estorbe) los inhumanos seres humanos siguen cometiendo.
Son muchos los golfos (ellas y ellos) que pululan por el ancho mundo, como muchos son también los vientos que ululan. No me perdonaría nunca que mi nombre y apellidos figuraran entre los de los corruptos. Desde que tuve conciencia de la acción o el hecho, de por qué algunos nipones decidieron suicidarse abriéndose el vientre, entiendo que el seppuku o harakiri japonés sea una lógica solución a tanto insoportable bochorno, deshonor o desvergüenza.
Déjame, te lo pido por favor, que pueda fungir de egoísta un rato y que me quede con lo bueno del día. Hoy he estado con mis hermanos tomando vermú, comiendo y viendo el Tudelano-Coruxo (3-0).
Te absolví ipso facto, antes de que lo hiciera, en el supuesto de que tengas la costumbre de confesarte con un sacerdote, el párroco de tu parroquia o el papa Francisco, un pontífice como Dios manda, que, si manda algo, es ser compasivo y comprensivo con el otro, tan pecador como tú.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza con errores y sin ellos (tras absolverte de nuevo, por si no quedó clara su remisión la primera vez que te la concedió) quien también marra lo suyo,
Ángel Sáez García
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