El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Tu molestia del hombro, ¿la imaginas?

TU MOLESTIA DEL HOMBRO, ¿LA IMAGINAS?

Dilecta Pilar:

La leve molestia del hombro, que parece que padeces, puede que sea algo imaginado por ti y que no te duela realmente. Y que conste en acta que no te estoy llamando quijotesca. Anda, perdónale a tu amigo su vena grotesca. Es broma. Insisto e itero; es broma. No te enfades con él. Su propósito no era otro que este, que esbozaras una sonrisa cuando lo escrito por él leyeras.

Al paso que llevo, voy a hacer a los vecinos mentados más importantes o significativos de lo que son y quisiera, barrunto. Ya he escrito varios textos sobre ellos, hasta les he dedicado dos sonetos (uno ha visto la luz; otro la verá), lo que es, sí, ¡la repanocha! Son (si no desbarro ni, por tanto, accedo a meterme en camisa de once varas o a caer en el barro) originarios de… donde sea el punto terrestre de donde procedan, se halle este entre el ecuador y los polos; y se creen investidos de la dignidad o el cargo con derecho para hacer lo que les dé la gana, aunque con ello vengan a deshacer el sueño de los demás (sobre todo, el mío, que vivo debajo de los susodichos ruidosos; imagínate que en el piso de arriba donde vives tienen su cuadra (y aquí el término cuadra o encaja como alianza en el dedo anular) ene caballos, pues, aunque reconozco que soy adicto a la hipérbole, o sea, que exagero, mutatis mutandis, poco más o menos, quiero decir lo que se lee, esto y no eso o aquello o lo de más allá; no conocen las zapatillas caseras; si las hay y se venden en los establecimientos del ramo, que las compren otros). Prueba a hablarles del conticinio, verbigracia; seguro que no saben de qué (en este paréntesis había colocado un dicho indecente, grosero, una palabrota, pero he decidido borrarla; puedes imaginártela y elegir entre las varillas de un amplio abanico) les hablas. Desde mis primeros tres años con los religiosos Camilos, los últimos de la extinta Educación General Básica, E. G. B., en Navarrete, asimilé que el sueño de los demás es sagrado. Puede que los de arriba estuvieran entonces abajo (aprendiendo a cómo comportarse, irrespetuosamente, claro, del maestro que allí impartía lecciones a trochemoche, el demonio).

Coincido contigo en el parecer. Cada dos semanas, si no marro, Irene Vallejo publica una colaboración en la revista dominical de EL PAÍS, EL PAÍS SEMANAL, donde, bajo el marbete de El atlas de Pandora, despliega una colección de palabras que deviene en “todo regalo” para la vista y el caletre, pues esa es la traducción literal del susodicho vocablo griego, Pandora, y disfruto un montón leyéndola (y aprendiendo sobremanera también; sigue, a rajatabla, la doble lección del “utile dulci” horaciano; ya sabes, la que contienen o recogen los versos 343 y 344 de su “Epístola a los Pisones” o “Arte poética”). Como te decía en un correo o “emilio” anterior, hace varios días comencé a leer su ensayo “El infinito en un junco”. Procuro no tener en cuenta las opiniones ajenas, para que las mías no se vean mediatizadas por las tales, pero, como es inevitable leerlas, por la lectura de las pocas páginas por las que he pasado mi vista o me he llevado a los ojos, debo decir que abundo con la retahíla o el rosario de elogios que han recibido, merecidamente, ella y su obra. Ya escribí una primera décima al respecto. Apareció publicada, por cierto, aquí, en mi bitácora, ayer, 20 de abril. La titulé “Escribir es descubrir”.

Pío está mejor. Con ganas de pisar la calle. El aislamiento se le está haciendo ya cuesta arriba. Diana, su pareja, está casi casi recuperada del todo.

Otro (de tu amigo Otramotro).

   Ángel Sáez García

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Nota bene

Enhorabuena, por el hecho que tendrá lugar mañana, 22 de abril de 2021, por la lectura pública de tu obra, de 12 a 14  horas, en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento de Zaragoza, que te llenará de orgullo del bueno (creo que ya te había dado la tal, pero nunca viene mal iterarla, repetirla). Es la justa recompensa a tu DES (dedicación, esfuerzo y sacrificio).

Te lo has ganado a pulso. Hay quienes se esfuerzan durante toda su vida y no reciben nada a cambio (puede que alguna muestra de desprecio y aun de ninguneo; cada vez son menos las madres y las esposas que así se sienten, pero no tendría que haber ninguna). Así que… disfrútalo a tope. Te apoyaré (ya sé que no lo necesitas) y me alegraré contigo un montón en la distancia. En estos casos (ya que son tan escasos los momentos de felicidad plena) me gusta recordar ese adagio sueco que dice: “Una alegría compartida es una alegría doble; una pena compartida es la mitad de una pena”.

Suma otro abrazo al anterior y ¡muchas felicidades!

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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