El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Cuando la penitencia es de boquilla,…

CUANDO LA PENITENCIA ES DE BOQUILLA,

PUES QUEDA ESCASA SIN LA JUSTA ENMIENDA,

LA EXIGEN MUCHAS FÉMINAS DEL PSOE

Como en España hay ciudadanos de todo jaez, pelaje o tipo, unos se reconocen agnósticos, escépticos o ateos, y otros tienen credos distintos a la religión católica, apostólica y romana, mayoritaria, me concedo la venia o gracia (que por algo mi segundo apellido es García, su anagrama, menos la tilde) de dar a continuación las tres últimas definiciones, que son complementarias, de la palabra “penitencia”, según el Diccionario de la lengua española, DLE, dentro del ámbito de la religión católica: “sacramento en el cual el sacerdote absuelve los pecados cometidos a quien se los confiesa”, “pena que impone el confesor al penitente”, y “pesar de haber pecado y propósito de no pecar más”.

El atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, que se llevara el domingo 7 de diciembre de 2025 a los ojos la crónica de Carlos E. Cué, que apareció publicada en las páginas 20 y 21 de EL PAÍS, pudo leer, como hizo este menda, que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, el viernes pasado 6 de los corrientes mes y año, día de la Constitución, se dignó, por fin, hablar en un corrillo con periodistas del “caso Salazar” (algunos de nuestros congéneres llevan su mayor defecto comportamental, salaz, que los sigue o persigue como si fuera su sombra, encerrado dentro de su apellido), y entonó su mea culpa, calificando de error no haber estado donde hubiera sido cabal y menester, junto a las víctimas femeninas del acoso, que sufrieron por parte de uno de los varones fuertes del presidente en La Moncloa, miembro de su núcleo duro (ruego al amable lector que no le busque tres pies al gato y no se quede con la unión de la primera y la última palabra de dicho sintagma, miembro duro), tanto que, si no hubiera visto la luz la noticia en elDiario.es, el jefe del Ejecutivo, un águila o un lince nombrando secretarios de Organización en el PSOE (por sus frutos u obras los conoceréis), Francisco Salazar hubiera formado parte de la diseñada secretaría coral de Organización (más bien, lo opuesto, desorganización), en sustitución de Santos Cerdán; qué inmejorable ojo clínico, sí.

Conjeturo que Adriana Lastra estaba en lo cierto y tenía toda la razón al pedir que se denunciara la actitud de Salazar ante la Fiscalía. Esta ya se encargará de hacer las averiguaciones pertinentes. Y es que dicha acción agilizaría el trámite, a fin de que el problema sea solventado cuanto antes. No hacerlo sería demorar la resolución del probable acoso (que habrá que probar). Y ya se ha retrasado bastante con las dilaciones de un expediente, que ha devenido en un fracaso o fiasco.

La vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, reconoció que la gestión del caso del supuesto acoso ha sido un desastre. Si el mochuelo se le cargara ahora a la secretaria de Organización, Rebeca Torró, esta va a terminar chamuscada, torrada, acaso sin culpa en los presuntos acosos de Salazar. Pero lo que deseo destacar, por descollante, es una frase de Carlos E. Cué, que deja entrever el cuajo de Pedro Sánchez, quien, al parecer, así lo recoge en su crónica el citado periodista de EL PAÍS, “dejó claro que no hay que buscar culpables”. Si no se hace nada en medio año, seis meses, para solucionar un problema, ¿nadie es culpable de esa inacción y ese silencio? No lo creo ni lo veo así, sinceramente.

Si, para que se cumplan los requisitos de la verdadera penitencia, son condiciones sine qua non, imprescindibles, necesarias, sentir dolor de corazón y el propósito de la enmienda, esta decae si no se averigua quién/es es/son la/o/s culpable/s de ese no hacer nada, porque no solo se peca por acción, por hacer, sino que también se peca por omisión, por no hacer.

Hace más de dieciséis siglos, san Ambrosio (el pasado domingo 7 fue, precisamente, su festividad religiosa y onomástica), uno de los grandes Padres de la Iglesia de Occidente, estando dividida la ciudad de Milán en dos facciones, los católicos nicenos y los arrianos, fue elegido obispo por ambos bandos, con la particularidad de que aún no había sido bautizado, ceremonia que se diligenció y celebró cuanto antes para que dicho nombramiento fuera efectivo. ¿Habrá, me pregunto, retóricamente, por un casual en España otro Ambrosio político? Si lo hay, que se manifieste, por favor.

Ambrosio logró la conversión de san Agustín, reprendió al emperador Teodosio I, a raíz de la brutal represión que ordenó tras una revuelta en Tesalónica y le hizo sujetarse a la doctrina de la Iglesia.

De este asunto trata Íñigo Domínguez al inicio de su columna dominical, rotulada “Matadlos a todos”, en la página 8 del suplemento IDEAS, de EL PAÍS de dicho domingo 7, donde cabe leer que Ambrosio “no deja entrar en una iglesia al emperador Teodosio I hasta que no se arrepienta de haber masacrado a 7.000 personas en Salónica”. No sé si hizo propósito de la enmienda Teodosio I, pero, según colijo, a Sánchez le faltó proceder a la corrección, si es que halló al culpable o responsables de no haber hecho nada.

Nota bene

Como Sánchez es un ente o sujeto camaleónico, mudable, proteico y versátil, como una veleta, es capaz de decir hoy lo contrario de lo que aseveró ayer o referirá mañana y quedarse tan campante o fresco (que ahora, en invierno, es lo que se estila, la rasca), sin explicar a la opinión pública ni a la publicada su cambio de criterio

Si hacemos caso a lo que manifestó el presidente en el corrillo del pasado sábado 6, que recogió en su crónica Carlos E. Cué, de quien no tenemos que poner en tela de juicio su decencia y honorabilidad, Pedro Sánchez vino a decir ayer donde dije “digo” digo Diego, porque el lunes 8 trascendió que en el próximo Consejo de Ministros el Gobierno, o sea, ayer 9, cesará a Antonio Hernández, mano derecha de Francisco Salazar en La Moncloa.

He de reconocer que considero correcto y oportuno el cambio de parecer de Pedro Sánchez. A mí me parece bien que se rectifique. Y que lo haga un cargo público más. Ahora bien, convendría fallar menos para no tener que enmendarse tantas veces.

Eso me lleva a concluir que, a la hora de elegir personas de confianza, Pedro Sánchez acierta tanto como yerra, porque ha debido escuchar a alguien con dos dedos de frente que ha demostrado ser perspicaz y ver que la metedura de pata del presidente era de órdago a la grande. De ahí el manifiesto de las féminas del PSOE, que, si no da miedo, da pánico.

Olvidábaseme de decir que, como te demores en pasar a ordenador tu texto, Pedro Sánchez es capaz de reventártelo. Lo he vuelto a comprobar una vez más.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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