BORGES NOS FLIPARÁ MIENTRAS VIVAMOS
TAMBIÉN HARÁ LO PROPIO FRAY EJEMPLO
Todo un polímata era fray Ejemplo, persona atiborrada de virtudes. Además de elegir sus componentes y dirigir con maestría el coro, tocaba el piano y sabía qué teclas blancas tenía que pulsar y negras para extraer la miel o quinta esencia, lo mejor de nosotros, sus pupilos. Verbigracia, engatusarnos e implicarnos en la realización de cualesquiera actividades; también, por supuesto, en las creativo-literarias, corales. Un día, antes de que tocara el timbre, que ponía fin a la clase, nos adujo que le gustaba el trabajo individual, pero que le entusiasmaba sobremanera y prefería al mentado el llevado a cabo en grupo. A nadie nos extrañó, pues pertenecía a una orden religiosa y vivía en comunidad en el seminario menor de Algaso. Así que nos propuso escribir, de mancomún, eligiendo lo mejor o más votado (decidiríamos, de consuno, democráticamente qué debía aparecer y qué no en dicho opúsculo), un ensayo sobre alguna reflexión que diera pie al comentario, a la exégesis.
Al día siguiente concretó la propuesta; y copió en el encerado esto:
“En el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges escribió: ‘Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres’”.
Nosotros decidimos que el texto ensayístico colectivo contuviera los seis parágrafos siguientes:
Lo primero que nos llama la atención del aserto que hizo el herético de Uqbar es que usara el plural (espejos) y el singular (cópula). Y esa precisión acaso no fuera baladí, porque, en verdad, hacen falta varios espejos, y colocarlos de determinado modo, estratégicamente, para que la multiplicación de una imagen, sea esta individual o grupal, se dé.
Está claro, cristalino, que, cuando el hereje de Uqbar aseveró su sentencia, el contenido de la misma podía ser considerada una verdad irrebatible, imbatible, apodíctica, pero nos tememos que hoy en día, con todos los avances científico-técnicos que ha habido en lo tocante a los métodos anticonceptivos o de contracepción, el miedo al coito ha quedado desfasado, sobrepasado, superado.
Desconocemos si Borges tuvo algún hijo de carne y hueso. Lo que sí nos consta, a ciencia cierta, es que tuvo muchos de papel. Y son legión quienes opinan que varios de ellos tienen el marchamo, colocado por varias generaciones de lectores, de clásicos y, por ende, de inmortales.
Puede que Borges no tuviera buena opinión de sus semejantes ni de sí mismo. Y de ahí el adjetivo que eligió: abominable. Puede que fuera un misántropo. Lo ignoramos. Lo que sí nos consta es que sus ficciones (ora las escribiera en prosa, ora las trenzara en verso) nos admiraron, nos admiran y nos admirarán mientras vivamos sobre la faz del planeta azul, la Tierra (pues no creemos que podamos viajar jamás, a pesar de nuestra edad, propia de un adolescente, a Alfa Centauri, donde algunos astrónomos aseguran que puede haber una segunda tierra habitable, otra).
Tras culminar los ajustes pertinentes, así ha quedado nuestra primera colaboración coral en la revista Navarrete, de la que todos nos sentimos orgullosos y satisfechos.
No ha habido discrepancias a la hora de escoger la firma, que nos engloba a todo el grupo.
Clase entera de Sexto de E. G. B.
Nada más despertarme, antes de hacer otro menester, he acudido raudo a mi gabinete, me he sentado en la silla y en las dos medias cuartillas gualdas que había sobre la mesa de mi escritorio he urdido cuanto aún recordaba con fidelidad, el sueño que acaba de tener, con el BIC azul que empuñaban los dedos pulgar, índice y corazón de mi diestra.
Ángel Sáez García