ESBELTO MONUMENTO ES DEL FRACASO
LA QUE A CONTINUACIÓN OBRA URDIDURA
La realidad no es como una/o quiere, sino como la tal es percibida por quienes a bien tienen abordarla. La verdad, si somos intelectualmente honestos, no es como una/o interina o provisionalmente cree que es, sino como el sumatorio definitivo de percepciones demuestra.
En “El banquete”, diálogo platónico, el cómico Aristófanes alega la tesis de que algunos seres humanos somos semiesferas y necesitamos de otra tal, otro semejante, para complementarnos y completarnos mutuamente, es decir, para sentirnos realizados como personas, al hallar a nuestra media naranja y, de ese modo, alcanzar la esfericidad total o, si se prefiere esta alternativa, hacer posible lo imposible, conseguir la cuadratura del círculo.
Bueno, pues, mutatis mutandis, algo parecido o similar me acaeció ayer, domingo 10 de mayo de 2026, al leer el diario EL PAÍS, con dos textos publicados en él, el artículo “No demasiado informado”, que lleva la firma de su autor, Juan Tallón, en la página 18, y la crónica “Las redes desbordan al Gobierno”, firmada por Carlos E. Cué, que ocupa la página 25.
Que la información ha devenido en poder es aserto que nadie con dos dedos de frente, circunspecto, osará poner en tela de juicio; y, asimismo, pocos se atreverán a objetar que tan malo puede ser para la inteligencia humana el hartazgo de ella como su inopia, su saciedad como su escasez.
Juan Tallón inicia su artículo así: “Algunos días estás tan saturado de información, y al mismo tiempo desorientado, y te has vuelto tan suspicaz, pero a la vez tan incrédulo, que si alguien publica un artículo titulado Claves para afilar un lápiz, lo lees, por si acaso se vuelve viral y te quedas fuera de la conversación”. Basta cambiar el título absurdo propuesto por Tallón por el que describe la realidad o verdad auténtica de Cué para que el arranque del primero acarree, cobre o tenga todo su sentido.
Cué comienza el suyo así: “Los datos objetivos importan cada vez menos en el debate público”. Luego da un listado de cifras para probar la certeza de su tesis, ya que esos números deberían significar aplausos generalizados y elogios sin cuento al Gobierno presidido por Pedro Sánchez, pero sus éxitos macroeconómicos no se ven corroborados o secundados por la opinión pública (la percepción de la ciudadanía debe ser otra, distinta y hasta contraria) que contiene una encuesta reciente encargada a 40dB para EL PAÍS y la Cadena SER, en la que los resultados que arroja no se corresponden con los datos indicados arriba. Al parecer, según la explicación coincidente de “diversas fuentes del Ejecutivo al máximo nivel (le ha faltado a Cué añadir “de decisión”), se ha concluido que la razón del problema descansa, está, estriba o radica en “una intoxicación en las redes sociales”.
Según criterio de Tallón, que hace honor a su apellido, pues demuestra tener una alta talla intelectual, y ser persona que se conoce (al usar el tú): “Te espanta la idea, en cualquier caso, de perderte algo y que justo sea lo que alumbre eso que hoy le pasa al mundo (en este caso, su microcosmos, que es él), incluso lo que al fin lo resuelva (…) No saber bien qué pasa, y menos aún cómo te sobrepones, es el peaje de todo presente”. Solo le ha faltado añadir que más de un lector abundará con él y agregará, tal vez, como es mi caso, un amén.
Unas líneas más abajo, Tallón arguye que “la confusión está clarísima, y no sabes si experimentar angustia o indiferencia. El torrente de información por la que uno puede ser arrastrado lleva a no poca gente a optar por no involucrarse demasiado en la actualidad. Tiene sentido la renuncia a fin de no ser aplastado por ella”. Por ende, a nadie prudente, sensato, le extrañará su coherente conclusión: “no afearé a quienes protegen su cerebro del consumo incesante de información”. Quienes carecemos de un smartphone o teléfono inteligente, o sea, tenemos uno tonto, disponemos de una mejor égida para nuestro cacumen.
Sostiene Tallón que “dominarlo todo, en detalle, abruma, frustra, deja a uno baldado. Y total para seguir ignorando todavía mucho más de lo que sabe”. Y eso es, precisamente, lo que uno colige o deduce, tras leer los tres primeros párrafos de la crónica de Cué.
Cué no tiene ningún empacho en reproducir (citando sus palabras entrecomilladas) qué le comenta enfadado un miembro del Ejecutivo: “‘Llevamos ocho años en el Gobierno, la oposición nos dice que estamos en una dictadura, y no hay más que ver los dos juicios y el tratamiento de uno y otro para darse cuenta de que no controlamos nada. Siempre nos dicen que la Fiscalía obedece a Sánchez, y no hay más que ver el comportamiento del fiscal anticorrupción y el juez, que dejaron que un corrupto como Aldama acusara sin pruebas al presidente del Gobierno de ser el jefe de una trama mafiosa sin rechistar’. La actitud del fiscal Alejandro Luzón en el juicio ha molestado mucho al Ejecutivo”. Sin embargo, yo escuché a Luzón exculpar a Pedro Sánchez de ser el número 1/Uno o estar en el primer escalafón de dicha trama. Así que, al menos, por este dato, debería estar contento.
Cué da a entender que está estupenda y exhaustivamente informado; ahora bien, me gustaría saber a qué se refiere cuando alude a “sectores socialistas” en el sintagma “hay creciente enfado en sectores socialistas con Interior”. Supongo que tiene que ver con personas del entorno socialista a las que escucha sus pareceres. Me llama la atención que el lamento abreviado de otro ministro coincida con el anterior, más extenso, porque es calcado. ¿No será un epítome del anterior? Lo parece: “Ocho años en el Gobierno y da la sensación de que no controlamos nada”.
Haciendo una comparación entre el Ejecutivo alemán y el patrio, Cué aduce que “en el Ministerio de Hacienda español no trabajan con ningún recorte para el próximo Presupuesto, que está prácticamente listo (supongo que quiere decir cerrado, ultimado) por si Sánchez decide finalmente presentarlo”, que lleva tres años sin hacer tal cosa, por cierto. ¿Puede ser esta una de las diversas razones de peso por las que las encuestas que publican los diversos mass media, salvo la del CIS, claro, no sean favorables al PSOE y sus formaciones afines?
Tallón corona su artículo con un párrafo genial (aunque todo él lo es, en su conjunto): “Todos necesitamos que nos dejen en paz de vez en cuando, y bajar los brazos y rendirnos, y que algunos días no pase nada serio, que los periódicos traigan página y media en blanco por falta de actualidad. Llegado un punto, con todas esas claves para entender qué ocurre, echas de menos que alguien titule: “Hoy no hay nada que entender” (…) Qué lúcido Millôr Fernandes cuando lamentaba que ningún país erigiese nunca un monumento autocrítico, como El Arco de la Derrota”.
Ojalá al atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de estos renglones torcidos no le parezca mal el título que he escogido, siguiendo la senda desbrozada e inaugurada por Tallón, para rotular esta urdidura (o “urdiblanda”).
Ángel Sáez García