¿EN ESTE MEDIO SIGLO HA MEJORADO
O EMPEORADO NUESTRA SOCIEDAD?
DÍA IMPAR DE LOS ‘SANTOS INOCENTES’
Mi criterio personal es que, básicamente, la sociedad, que vive en un estado de permanente saciedad, debido a la contagiosa suciedad reinante, es la misma. Han mejorado unas personas y han empeorado otras. Y es que el ser humano, como le sucede al monte con sus laderas o vertientes, por su condición o naturaleza ambivalente, es capaz de lo mejor y de lo peor; de dar lo mejor de sí mismo en las peores circunstancias o condiciones, sin pedir nada a cambio, ni siquiera una mínima recompensa, una muestra de cariño, verbigracia, pues se limita a hacer lo que debe, cuanto le hubiera gustado que los demás, en solitario o de mancomún, en su conjunto, le hubieran hecho a él, si la coyuntura o tesitura sucediera a la inversa; y, asimismo, de cometer los desmanes más injustos o viles con sus congéneres o semejantes. Lo que viene a demostrar, bien, a las claras, que los ángeles (y arcángeles) existen, y que los demonios (sean de la guisa que sea, íncubos o súcubos) no faltan, nunca huelgan.
Como, salvo error u omisión, o episodio excepcional, que no cabe descartar, solo leo un periódico de papel durante el finde (quiero dar a entender, por supuesto, un ejemplar el sábado y otro el domingo del diario de PRISA), EL PAÍS, la nueva elogiosa la he tenido que escuchar en algún programa de la radio. Como la suelo tener puesta en el dial de ONDA CERO (en el 106 de la Frecuencia Modulada, FM; en España, cada quien sigue la cadena o el programa que más le gusta; yo, lo reconozco sin requilorios, tras buscar y probar, me quedé con ONDA CERO, y “Más de uno”, que dirige Carlos Alsina. Y ahí sigue.
Ergo, en un programa de ONDA CERO he debido escuchar que un trabajador de la ONCE de Pamplona había perdido un sobre que contenía mil euros; y la señora que lo había encontrado lo había entregado en la sede de la Policía (desconozco si esta era Nacional, Local o Foral).
El comportamiento encomiable de la susodicha mujer de la que no han trascendido su nombre y apellidos (y eso la ha convertido en una heroína anónima), ha resultado contraria a la actitud de algunos varones, que, mientras el mundo continúe siendo inmundo, siempre han existido y existirán.
Fray Ejemplo acostumbra a celebrar misa en el convento de Algaso a las siete de la mañana. Todos los 28 de diciembre, desde que fue nombrado Superior de la Comunidad, repetía el mismo ritual; reservaba para él la misa de diez. Cuando había dado por terminada la Eucaristía, rogaba encarecidamente a los varones que se quedaran, si no tenían algo más urgente que culminar. Esperaba a que saliera por la puerta la fémina más lenta o que se había quedado rezagada y, entonces, les formulaba la siguiente y capciosa pregunta:
—Señores, ¿quién de ustedes ha perdido un fajo de billetes, que iba atado con una goma?
Todos, sin excepción, egoístas, interesados, contestaron al unísono, echando mano del monosílabo pronombre de primera persona singular: ¡yo!
—Pues aquí está la goma —y, mientras lo decía, la exhibía a los presentes, sosteniéndola con los dedos pulgar e índice de su diestra—; me temo que tendrán que echarla entre ustedes a suerte. Ah; olvidábaseme de decirles que hoy, durante toda la jornada, es el día de los ‘Santos Inocentes’.
Nota bene
A ningún fiel, avezado o esporádico, que acudió a misa ese día al cenobio algasiano se le pasó por alto el dato o detalle. Fray Ejemplo era un fraile serio y hasta severo, pero tenía dos vertientes, porque también podía ser un zumbón de marca mayor.
Ángel Sáez García