Este domingo 20 de octubre se marcó un antes y un después en la historia democrática de nuestro país. No lo sabemos a ciencia cierta, eso solo el tiempo lo puede demostrar, pero en ello insistía con entusiasmo Albert Castillón, presentador del la manifestación en la que se congregaron casi un millón de personas a pedir elecciones generales ya y la carta de salida de Pedro Sánchez.
Un centenar de asociaciones de la sociedad civil engendraron este acto masivo bajo el grito de una misma plataforma para aunar esfuerzos. La Plataforma por la España Constitucional señala directamente ‘al 1’ de todas las tramas habidas y por haber, las de la erosión de las instituciones democráticas del Estado, la de las corruptelas de sus familiares y amigos, la de la venta de España a trocitos solo para conseguir unos pocos votos.
Albert Castillón pronunció un discurso breve pero muy intenso, bien trabajado y cargado de verdades y propósitos firmes y decididos. Tampoco se guardó el periodista ninguna de las definiciones que realmente merece Pedro Sánchez.
«Enemigo de la libertad de prensa, de la propiedad privada, de la unidad de España, de la independencia de las instituciones, y amigo, muy amigo de los narco-estados, de Hamás, de los dictadores, de los etarras y de los golpistas catalanes. Amigos, no tenemos un presidente elegido democráticamente, en la Moncloa hay un inquiokupa. España está en grave peligro, lleva seis años en el poder y ha destrozado en pedazos el Estado de Derecho. Si sigue unos años más, esto no tiene arreglo».
«España necesita un reseteo general, ya no nos sirve cambiar de partido, sino de sistema y que jamás otro sátrapa pueda usar la Constitución en su beneficio. Son imprescindibles cambios estructurales que puedan preservar la democracia, y no seamos ingenuos, la responsabilidad es de lo que hacemos los ciudadanos y la libertad hay que lucharla uno a uno. Si estamos unidos, somos un ejército imparable».
«¿Ahora vamos a permitir que un tipo narcisista y egoísta como Sánchez dinamite el futuro de nuestros hijos y nietos? ¡No y mil veces no! Sabemos que este pequeño dictador no se marchará por las urnas ni por la vía ordinaria, tendrá que echarle la Justicia. Pues delante de los juzgados de Plaza de Castilla pedimos que los fiscales honrados y que los altos magistrados del CGPJ, que los abogados del Estado honestos, nos ayuden a actuar con contundencia para defender la Democracia y la Constitución».
«La indignación es imparable. Esta es la conjura de Plaza de Castilla, por muchos años se hablará de ella, porque hoy es el principio del fin de la dictadura de Sánchez»