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Sicarios: El negocio de la muerte tiene rostro y precio en la era digital

De los puñales de Roma a la dark web y las criptomonedas

La palabra viene del latín. Sica era el nombre de un puñal de punta aguda y filo curvo que usaban los asesinos profesionales en la Roma clásica. Cicerón los llamó sicarius.

Dos mil años después, el término sigue siendo perfectamente funcional para describir una realidad que no ha desaparecido. Solo se ha adaptado.

El sicario del siglo XXI puede cobrar en criptomonedas, anunciarse en foros encriptados de la dark web y operar a miles de kilómetros de su objetivo sin haber pisado nunca el país donde va a matar.

La tecnología ha modernizado el negocio sin cambiar su esencia.

De Roma a los hashishin

En Roma, los sicarios eliminaban principalmente a rivales políticos. Era un instrumento de poder en una época en que el poder no tenía demasiados escrúpulos sobre los métodos.

Durante la Edad Media surgió la que probablemente sea la primera organización de asesinos profesionales de la historia: los hashishin, una secta ismaelita dirigida por Hassan-i Sabbah desde su fortaleza de Alamut, en la actual Irán. La leyenda, que Marco Polo recogió en sus viajes, dice que el líder drogaba a sus operativos con hachís antes de enviarlos a las misiones, de ahí el nombre. La palabra árabe hashishin derivó en assassin en francés e inglés y en asesino en español.

El salto semántico de una secta medieval persa a la palabra que hoy usan todos los idiomas occidentales para referirse a un homicida es uno de los recorridos lingüísticos más curiosos de la historia.

El perfil actual

El sicario moderno no responde a un perfil único. La imagen del joven de extracción humilde reclutado por un cártel sigue siendo la más frecuente en América Latina, pero convive con perfiles muy distintos.

Ex militares y ex policías que aprovechan su entrenamiento para un mercado que paga mejor que el sector público. Profesionales de clase media con formación técnica que operan en entornos más sofisticados. Mujeres, un perfil que ha crecido en algunas organizaciones criminales precisamente porque genera menos sospechas en los controles de seguridad.

El abanico de tarifas refleja esa diversidad. En México, un sicario novato puede cobrar desde 30 euros por un asesinato simple en zonas controladas por el crimen organizado. Un profesional experimentado para un objetivo de alto perfil puede superar los 5.000 euros. En Colombia, las tarifas habituales oscilan entre 500 y 2.000 euros. En Europa y EE.UU., los pocos casos documentados de sicarios profesionales muestran tarifas sustancialmente más altas, aunque muchas de las ofertas que circulan en la dark web son estafas que nunca llegan a ejecutarse.

La evolución del método

Las armas de fuego siguen siendo el método más común. Pero el catálogo se ha ampliado.

Venenos difíciles de detectar en autopsias convencionales, utilizados con mayor frecuencia en entornos donde el objetivo tiene protección y el acceso directo es complicado. Accidentes provocados que no levantan sospechas iniciales. Y en los casos más sofisticados, ciberataques que pueden comprometer sistemas médicos o de transporte para provocar muertes que parecen naturales o accidentales.

Rusia ha sido el actor más documentado en el uso de venenos de diseño para eliminar objetivos en suelo extranjero: el caso de Sergei Skripal en Reino Unido en 2018, envenenado con Novichok, y el asesinato de Alexander Litvinenko con polonio radiactivo en Londres en 2006, son los ejemplos más conocidos de lo que los servicios de inteligencia llaman «operaciones de influencia letal» y que en términos más directos son sicariato estatal.

La dark web y los sicarios virtuales

La tendencia más preocupante para las autoridades es el crecimiento de los mercados de contratación de sicarios en la dark web. Foros encriptados donde se ofrecen servicios detallados con tarifas según el perfil del objetivo, pagos en Bitcoin o Monero para garantizar el anonimato y sistemas de valoración similares a los de cualquier plataforma de comercio electrónico.

Los expertos en ciberseguridad estiman que la mayoría de estas ofertas son estafas: quien paga no recibe el servicio y no puede denunciarlo. Pero una parte son reales, y localizar a los operativos a través de las capas de anonimato que proporciona la dark web es uno de los mayores desafíos actuales para el FBI, Europol y los servicios de inteligencia occidentales.

Los números que definen la magnitud

Colombia y México siguen siendo los epicentros globales del sicariato vinculado al narcotráfico. En Colombia, la figura de John Jairo Velásquez, alias «Popeye», jefe de sicarios de Pablo Escobar, que confesó haber matado personalmente a más de 300 personas y haber ordenado otras 3.000 muertes, representa el extremo más extremo de lo que los cárteles construyeron en los años ochenta y noventa.

Ese modelo se exportó. México, Brasil, Venezuela, El Salvador y Honduras tienen sus propias estructuras de sicariato integradas en organizaciones criminales que combinan el narcotráfico con la extorsión, el tráfico de personas y la corrupción institucional.

En Europa, el sicariato vinculado a organizaciones criminales de Europa del Este, la Ndrangheta calabresa y los cárteles latinoamericanos con presencia en el continente ha crecido en la última década. España, Países Bajos y Bélgica han registrado casos de ajustes de cuentas entre organizaciones que usan sicarios desplazados específicamente para una operación y que regresan a su país de origen antes de que la investigación policial arranque.

La realidad detrás del mito

El cine y las series han construido una imagen del sicario como profesional frío, eficiente y con un código de honor propio. León: El Profesional, Pulp Fiction, Narcos, Sicario. La industria del entretenimiento ha convertido a los asesinos a sueldo en un género con sus propias convenciones estéticas.

La realidad es bastante menos glamurosa. La mayoría de los sicarios activos son jóvenes que no llegan a los 30 años. Muchos mueren en el mismo entorno violento en el que operan, eliminados por los mismos patrones cuando se convierten en un riesgo o cuando ya no son útiles. Los que sobreviven acaban en prisión o con traumas psicológicos graves que ninguna serie retrata con fidelidad.

Y el impacto sobre las sociedades donde operan es devastador: ciclos de violencia que se retroalimentan, instituciones corroídas por la corrupción que el dinero del crimen genera y comunidades enteras que aprenden a convivir con la violencia como condición permanente.

Mientras persistan la desigualdad, la impunidad y el poder del crimen organizado, el sicariato seguirá siendo una industria en activo. El puñal romano se ha convertido en pistola, veneno y criptomoneda. Pero el negocio es el mismo que Cicerón ya describía hace dos mil años.

VÍDEO / Masacre en Río de Janeiro

Tres médicos perdieron la vida de manera trágica, mientras que otro resultó herido, en un ataque a tiros ocurrido durante la madrugada en un establecimiento junto a la playa en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil.

Según las imágenes captadas por las cámaras de seguridad, un grupo de individuos armados descendió de un vehículo blanco y se dirigió a la mesa donde se encontraban los médicos, abriendo fuego contra ellos.

Este escalofriante suceso tuvo lugar en una zona acomodada del barrio Barra da Tijuca, ubicado en la zona oeste de Río de Janeiro, que es una de las ciudades más turísticas de Brasil, según las autoridades que emitieron un comunicado al respecto.

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