El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Siempre al pie del cañón el coñón se halla?

¿SIEMPRE AL PIE DEL CAÑÓN EL COÑÓN SE HALLA?

Dilecta Pilar:

Vengo (¡menuda venganza!) de gastarme 37, 47 euros en Dia. Tras colocar toda la compra en los lugares acostumbrados, me he dicho: vete, Ángel, al C. C. “Lourdes”, que, seguramente, tienes que contestar el correo de Pilar. Y aquí estoy: el coñón, siempre al pie del cañón.

Disfruto escribiendo (sea donde sea; poco importa que dicha actividad la corone en la biblioteca —donde, como el silencio suele imperar, contribuye a mi concentración—, en el Centro Cívico o en casa, en unas cuartillas o en las hojas de una libreta, si lo que cuento considero que merece la pena ser contado y, por lo tanto, como lógico corolario, leído). Hace muchos años escribí un romance largo sobre Cuba, dividido en dos partes, que terminaba con el “Romance del verbadebelado (rendido por las palabras)”, que decía así: “Literato naufragado, / cuentacuentos con aletas, / ‘mideversos’ con espinas, / con escamas ‘juntaletras’, / ‘verbarrendido’ entre peces, / pecios y otras truculencias, / no es el que a pique se ha ido, / sino el que no halla libreta / donde verter lo ocurrido, / ni halla paz, ni puerto encuentra”. En casa (y en cualquier otro lugar), como dice la paremia, mejor solo que mal acompañado. A veces, mientras estoy haciendo la comida o fregando o secando el fregado, me da por cantar (mal, sí, pero a mí me parece que ya no estoy solo).

Como intento contestarte párrafo por párrafo, línea por línea, parece que José Verón Gormaz ha seguido mi recomendación, sí, sí, hecha, por un absurdo arte de birlibirloque, después, a posteriori.

Cierto. La vida es la mejor maestra y doctora (en el ámbito académico, en el actitudinal o comportamental, y en el de la salud). Muchas personas ancianas que han logrado darle esquinazo al alzhéimer son unas verdaderas bibliotecas andantes (y nosotros somos tan tontos como los cernícalos o los molondrones, porque no les hacemos el menor de los casos —un caso que merece no solo un ensayo sino hasta una tesis doctoral—). ¿Cómo podemos estar dispuestos a dilapidar tanto caudal, tanta información de todo tipo, por un idiota manojo de prejuicios?

Que ese tipo de júbilos, en tu caso (y en el de los demás), se retrase el máximo posible, sí, ese mi deseo y mi esperanza.

Cuando estaba la compra hecha, llevada a casa y colocada (no se había fumado, no, un canuto zaragozano, como parece que es, por la guía que guía mal o el cuestionado folleto en cuestión —del que todo quisque habla—, usual en la capital maña) pensé en ti, eso es cierto, en que tendría que contestarte.

Abundo contigo. Mejor, mucho mejor, óptimamente acompañado que bien solo.

No me considero un “literato naufragado”, pero, en el supuesto de que algún día para alguien (me incluyo en ese tal) lo sea, acaso le venga bien recordar lo que tengo para mí por cierto, que una variopinta colección de fracasos es lo que debe dar un excelente sabor y una pizca de picor al éxito (si algún día se digna hacer acto de presencia, claro).

Con toda seguridad así ha sido, un plagio de libro.

Otro (de tu amigo Otramotro).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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