El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Carta a mi musa impar, Dorothy Parker

CARTA A MI MUSA IMPAR, DOROTHY PARKER

Amada musa y regalo divino, Dorotea (pues tu nombre, en griego clásico, como te constó a la sazón, significó lo que significa y significará “don de diosa” —no, como dicen las malas lenguas, las viperinas, “donde dio Sáez dos veces”, por “don de diosa, ez dos veces”—):

Lamento (por hacerlo de manera contradictoria, o sea, sin fomentar ni mentar, en sentido estricto, una sola lamentación) no cumplir ninguno de los tres requisitos que tú (te lo oí decir un día, en sueños, claro) le exigías a un hombre (varón) para acceder a salir con él, porque ni soy guapo ni implacable ni estúpido (un poco sí; no lo oculto ahora, como reconoció otrora otro ignorante en un montón de ámbitos, aunque fuera en uno culto).

Como sabes (si, tras morir, has dejado de saber, supiste), aquí, donde se habla la lengua de Cervantes, se estila proferir la expresión castiza “por el interés te quiero, Andrés”, pero a nadie se le escapa (porte en invierno abrigo o capa) la verdad, dicha o vestida con ropajes de mala uva o leche (uno de los extremos de la horquilla por la que se mueve tu sentido del humor), que acarrea y/o contiene esa frase célebre que se te adjudica de “las dos palabras más bellas de la lengua inglesa son: cheque adjunto”.

Ignoro la cantidad concreta y la calidad exacta del chorretón de cinismo que derramaste (si era líquido) o del pellizco que espolvoreaste (si era sólido), pero no que era desvergüenza de la buena, puro veneno (por d, e, de, l, e, le, t, é, té, r, e, re, o, como acabo de deletrear) que echaste sobre ese pensamiento que improvisaste o repentizaste en cierta ocasión que decía así: “Cuatro cosas hay que me hubiera pasado mejor sin ellas: amor, curiosidad, pecas y dudas”. Porque cabe preguntarse ¿qué es un hombre, ora hembra, ora varón, sin esas cuatro cosas? Y cabe contestarse lo obvio: Nadie, o aún peor, nada (de nada).

Como soy un ferviente admirador y un fiel epígono de Baltasar Gracián, sobre todo del adagio 105 de su “Oráculo manual y arte de prudencia” (1647), “(…) Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos”, terminaré esta epístola, antes de dar cuenta de tu epitafio, que he reservado, limpio de polvo y paja, para el párrafo final o colofón, previo a la despedida, rememorando otra de tus citas famosas, que es hija, nieta, biznieta o tataranieta (deseo y espero que nadie se exponga a quedar en bolas por osar poner objeciones sin pies ni cabeza al respecto) de la que he mencionado arriba de Gracián: “la brevedad es la esencia de la lencería”.

“Perdonen por el polvo”.

Huelga decir el modo, la calidad y la cantidad del amor que gastó contigo y, aunque estés muerta, cómo y cuánto te ama y amará, mientras viva, tu

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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