El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Por qué gestas/os seréis rememorados?

¿POR QUÉ GESTAS/OS SERÉIS REMEMORADOS?

(A CUANTOS CANDIDATOS SE PRESENTAN)

Al comienzo del guion de la película “El club de los emperadores”, dirigida por Michael Hoffman en 2002, al final del breve discurso de salutación que el director del Colegio masculino St. Benedict, en lo que parece ser el estreno o inicio del curso académico, que tiene lugar en el salón de actos, dirige a los alumnos de dicha institución les señala: “Si se fijan bien en la inscripción que hay debajo del obispo dice: Non sibi. O no para uno mismo. Resume la filosofía del St. Benedict. La sabiduría que se adquiere aquí tiene que ser empleada para el bien común, no solo para el beneficio propio. Y por último, Finis origine pendet; esas tres palabras las llevan escritas en sus corazones, bajo el escudo del St. Benedict. Es el lema de nuestro colegio; significa: el final depende del principio; el final depende para nosotros del principio”.

Algunas escenas después, el profesor William Hundert (papel que borda el actor Kevin Kline), tras las presentaciones, en la primera lección que les imparte a sus nuevos alumnos sobre civilización occidental, los griegos y los romanos, le pide a uno de sus discentes, Martin Blythe, que vaya al fondo del aula y lea en voz alta la placa que está colocada sobre la puerta de entrada (o de salida) a la clase: “Soy Shutruk-Nahunte, rey de Anshan y Susa, soberano de la tierra de Elam. Yo destruí Sippar, tomé la estela de Naram-Sin y la traje a Elam, donde la erigí como ofrenda a mi dios. Shutruk-Nahunte, 1.158 antes de Cristo”. Cuando termina, le da las gracias y pregunta si alguien conoce al mentado monarca, Shutruk-Nahunte. Les dice que dicho nombre no lo encontrarán en sus libros y les brinda, gratis et amore, el porqué sus hazañas no las recoge ningún libro de Historia: “Porque la gran ambición y la conquista sin contribución al bien común no tienen ningún valor. Y ustedes, ¿en qué piensan contribuir? ¿Cómo les recordará la Historia? ¿Shutruk-Nahunte? Totalmente olvidado. No como los grandes hombres que ven aquí: Aristóteles, César, Augusto, Platón, Cicerón, Sócrates, gigantes de la Historia, hombres de un marcado carácter, cuyos méritos y triunfos sobrevivieron a su época y sobrevivirán incluso a la nuestra. Su historia es nuestra Historia”.

Desde que vi por primera vez el filme arriba mencionado, han ido sucediéndose los días, las semanas, los meses, los años, y he vuelto a ver la película varias veces más; hoy, habiendo superado con creces el medio siglo de edad, más cercano de los sesenta años que de los cincuenta, puedo aseverar que, entre otras, pocas, verdades, estoy seguro de que considero irrefutable, apodíctica, esta: Un hombre (hembra o varón) no es lo que piensa, ni es lo que dice que ha pensado (puede engañar y/o engañarse). A un hombre hay que juzgarlo y valorarlo por lo que hace, sea esto óptimo, bueno, regular, malo o pésimo. Por sus obras o frutos será conocido. Si estas/os son excelentes, será galardonado, premiado, reconocido.

Grosso modo, entre los romanos, de progenitores a retoños, solía transmitirse la actitud aleccionadora, ejemplar, modélica, de un patricio, Cincinato, a quien no se le caían los anillos, pues, él mismo araba sus propias tierras y llevaba una vida austera, sobria. Durante el año 458 a. de C., tras padecer Roma varios ataques de los ecuos, fue nombrado dictador (cargo o dignidad —que asumió y ostentó en una segunda oportunidad, cuatro lustros después, siendo él octogenario— con amplios poderes, durante un espacio de seis meses, para solventar el o los problemas más acuciantes, que habían llevado al Senado a su designación, a fin de no procrastinar la toma de decisiones). Tras derrotar a los ecuos, renunció (eso es, al menos, lo que se cuenta, se dice, se lee) al cargo y a la toga orlada de púrpura que lo distinguía, y volvió a sus quehaceres cotidianos, a arar sus campos. Desde entonces, Cincinato es reputado un dechado de virtud cívica, al usar el poder en beneficio de la comunidad, sin abusar de él.

En el párrafo que corona este escrito, a cuantos candidatos (ellas y ellos) se presentan a las próximas elecciones (municipales, autonómicas y europeas del 26-M) me gustaría formularles la misma pregunta que el profesor Hundert les hace a sus alumnos en la citada película: ¿Con qué y en qué ámbito humano piensan contribuir al bienestar de sus conciudadanos? ¿Por qué gestas o gestos positivos, memorables, los recordará la Historia? ¿Servirán algunos, de manera desinteresada, a su localidad, Comunidad Autónoma, Estado, nación, patria o país? ¿Seguirán algunos el ejemplo de Cincinato? Aconsejo a todos los lectores de este texto, no solo a los habituales o esporádicos de cuanto suele urdir servidor, Otramotro, lo que me recomiendo encarecidamente a mí mismo que no nos hagamos muchas ilusiones, si no queremos vernos luego defraudados, frustrados por sus abusos de poder, fechorías o tropelías.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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