TE AGRADEZCO EL ELOGIO, LA ALABANZA
Dilecto Manuel (Olmeda Carrasco):
Celebro y gozo un montón leyendo tu alabanza, la que me has escrito en un pispás y me has mandado, donde indicas que el último texto que te he enviado, me refiero al titulado “¿Cómo caí en la depre y salí de ella?”, te ha gustado y lo calificas de “espléndido”. Qué bien viene tener amigos hechos y derechos, que son los que cuentan y con los que puedes contar. Ya sabes que una de las dos definiciones de Demetrio de Falero, que tanto me petan, dice así: el amigo verdadero es el que, en las ocasiones gratas, acude a tu casa, al ser llamado; y, en las ingratas, sin serlo. Se nota que, aunque solo nos hemos visto una sola vez en la vida, en Tudela (cuando, de vuelta a tu Valencia, ciudad donde resides, desde Vitoria, en la que trabajaba entonces uno de tus hijos, te pasaste por la capital de la Ribera de Navarra para conocernos), me tienes un aprecio especial. Tres cuartos de lo propio o lo complementario cabe referir a la inversa (nuestras conversaciones telefónicas, que suelen sobrepasar la hora, de duración, lo demuestran, de manera palmaria, notoria). Sigo haciendo lo que, a falta de orgasmos físicos, con mujer placentera, a la que este menda mire, remire y admire, y yo no le dé a ella grima, más me place (no tanto como los que disfruté otrora, in illo tempore, en brazos de las féminas a las que amé, pero no es mal sucedáneo o sustituto). Sería un estúpido redomado, si no echara mano de la actividad que más satisfacción me reporta. ¿No crees?
Ayer estuve con mi hermano Eusebio, “Use”, el pequeño de los varones, en Cabretón (el resto de mis hermanos subió el sábado al tanatorio de Cervera del Río Alhama, a darles el pésame a mis primos y demás deudos; ya te he remitido la décima que he escrito al respecto), donde enterramos (“ennichamos”, sería más correcto aseverar) a mi tío Ulpiano, el único hermano que quedaba vivo de mi madre, el último “Tapia” (a mi abuelo materno Leocadio se le llamaba en el pueblo así, no porque estuviera sordo, como una tal —lo que tenemos que oír, he escuchado que decían quedo las de la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela, en el número 14 de la calle Herrerías, donde me hallo; ya sabes que no dispongo de ordenador ni de acceso a Internet—, sino por una epéntesis: siendo un crío, estando cogiendo caracoles con su grupo de amigos, vio que uno no tenía tapa y, en lugar de dicha voz, dijo “tapia”). Es una verdadera pena que tengamos que reunirnos el grueso de la familia solo para hechos luctuosos, pero es una realidad incontrovertible. ¿Somos unos incongruentes al concelebrar la muerte y no la vida? Eso parece, a todas luces.
Últimamente (días 14 y 28 del mes que fina) me han hecho dos gammagrafías en Pamplona; una de paratiroides y otra de tiroides. A ver si los resultados de ambas pruebas médicas demuestran que todo está bien, en su sitio, o sea, que han salido a pedir de boca.
Te agradezco la alabanza, el elogio. De cuando en vez, viene bien escuchar y/o leer uno, pues puede espolearte, esto es, ser motivante, aunque venga de un amigo, que es lo ¿esperado?
Te mando un abrazo para ti; y un vagón, cargado hasta los topes, de saludos, abrazos y besos, que quedas encargado de erogar, equitativamente o según las necesidades que adviertas, entre los miembros de tu familia.
Ángel Sáez García