MÁS QUE UNA CARABINA FERIAL FALLA
“Sobra decir que ninguna de las chapuzas mencionadas socava en lo más mínimo la grandeza de quienes las perpetraron, que siguen siendo cuatro de los más grandes escritores de Occidente. Pero yo diría que hay mucho que aprender de ellos; lo principal: si esta gente perpetró semejantes errores, ¿qué no haremos los demás, panda de insolventes?”.
Javier Cercas, en el último párrafo de su artículo “La cabezada de Homero”, publicado en la página 6 del número 2.367 de EL PAÍS SEMANAL, correspondiente al domingo 6 de febrero de 2022.
Está claro, cristalino, que el ser humano, ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, es un ente falible, o sea, capaz de engañar y engañarse, de fallar (al follar, verbigracia, con quien no debía) y faltar (de manera inconsciente o voluntaria). Unas/os fallan más que la media (y, si esta acarrea carrera/s, lo hace para mayor escarnio o más inri) y otras/os menos que el calcetín (signifique esto lo que sea cuando se lea, porque acabo de idearlo y escribirlo y aún no le he hallado un significado concreto yo, su hacedor; y, si lo he dado por bueno, ha sido, única y exclusivamente, porque me ha sonado, musicalmente, bien; ¿acaso alguien le exigió o reclamó una razón de peso al cubano Mariano Brull, o al mexicano Alfonso Reyes, cuando el primero se sacó de la manga su jitanjáfora, y el segundo le dio carta de naturaleza; o al argentino Julio Cortázar, cuando se inventó el glíglico, su gratamente sonoro lenguaje sicalíptico?).
Se cuenta, se dice, se rumorea que Alberto Casero, el patán y patoso diputado del PP (si fuera árbitro de fútbol, por ejemplo, ¿sería coherente con su apellido, teniendo en cuenta el total de sus decisiones, o, por el contrario, por sus claros y crasos errores, estos serían contraproducentes para el equipo local, el de casa, porque sus aficionados le achacarían, seguramente, con motivo sobrante, el posterior fracaso o la subsiguiente derrota del mismo, al beneficiar a la apuesta formación opuesta, la forastera?), falla más que una carabina de feria. ¡Qué fiera, sí! Pues, al parecer, no solo se equivocó, al apretar el botón en una única ocasión, la que sirvió para aprobar la reforma laboral, sino en tres oportunidades más. Todo un hacha es dicho sujeto (confío, deseo y espero que se advierta la ironía, que discurre o fluye a raudales por los límites de esta digresión o excurso).
Hoy he de reconocer, sin ambages, que me agrada leer a Sergio del Molino, porque suele moler bien el grano que le llega a su cacumen o caletre. En “Metáfora”, el último artículo suyo que he leído, que apareció publicado, bajo dicho rótulo, en la página 55 de EL PAÍS, del pasado domingo 6 de febrero de 2022, escribió: “En la psicomagia charlatana de Jodorowski, las cosas se transforman cuando el inconsciente acepta las metáforas”. Por cierto, las dos primeras sílabas del primer apellido de Alejandro, Jodo, ¿tienen algo que ver con la joda, voz argentina que significa broma, diversión?
Nada más llevarme a los ojos el aserto apodíctico de Jodorowski, he barruntado qué le pudo ocurrir a quien escribió la breve sinopsis de la película “El juez”, programada por Antena 3 para las 22.10 horas del sábado, recensión que vio la luz ese mismo día, precisamente, 5 de febrero de 2022, en la página 51 de EL PAÍS, en la que se lee esto: “Hank Palmer es un abogado distanciado de su padre. La madre de Hank muere asesinada (sic) y Hank decide ser el abogado de su padre”. El espectador (hembra o varón) que vio dicho filme reparó, seguramente, en qué le comentó a Hank su hermano menor, autista, Dale, que el corazón de su madre se le paró y él la encontró sin vida junto a las hortensias. El padre, el juez, aduce que su esposa estuvo agachada, de rodillas, se le formó un trombo en la pierna y este le fue al corazón, que se le detuvo. Así que su muerte fue natural; a menos que, poéticamente, consideremos que quienes cometieron el crimen fueron las hortensias; nombre que le puso a dicha flor quien la importó de China, el naturalista francés Philibert de Commerson (conocido por acompañar a Louis Antoine de Bougainville en su viaje de circunnavegación entre 1766 y 1769) para homenajear a la esposa del célebre relojero parisino Jean-André Lepaute, la astrónoma y matemática Nicole-Reine de la Briere, también conocida por Hartense u Hortense Lepaute. Hártense de reírse, si quieren, lectores, pero es la pura y dura verdad.
Ángel Sáez García