El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Qué se ha de hacer con el error notorio?

¿QUÉ SE HA DE HACER CON EL ERROR NOTORIO?

LA RESPUESTA ESTÁ CLARA: CORREGIRLO

“El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor” es un proverbio que se le adjudica a Confucio. Haya sido bien atribuido o no, a mí dicho adagio me sirve y da solución satisfactoria, oportuna, a la pregunta del rótulo, que encabeza estas líneas.

Últimamente, he tenido la oportunidad de acercarme a las orillas de varios ríos (así suele denominar fray Ejemplo, poéticamente, a los mentideros algasianos, y, al menos, en dos de sus libros se refiere a ellos de esa guisa), y he escuchado con suma atención qué rumores intercambiaban sus aguas. Inesperada y llamativamente, los cursos de los ríos que habían brotado en una vertiente de la cordillera y los que habían nacido en su opuesta coincidían, al parecer, en el criterio de qué había que hacer con los yerros pasados: cancelarlos, destruirlos. Y este menda se preguntó: ¿Es la medida adecuada? No lo creí, porque no lo consideré así. Acaso sea un recurso más didáctico, me dije, usar la dialéctica. Partamos de una tesis, le agreguemos u opongamos su antítesis y tal vez el propio alumno, discente o pupilo encuentre la mejor solución, la más pedagógica (que ninguna otra, sea dirigida o impuesta), sin que nadie le tenga que echar una mano, cuando obtenga la síntesis.

Cualquier lector (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) avezado de mediana edad sabe qué acaeció en los calabozos de la ESMA, Escuela Superior de Mecánica de la Armada, en Buenos Aires, durante la dictadura militar argentina, un lugar de tortura y represión para montoneros y demás teóricos o practicantes de la revolución armada. De los 5.000 detenidos, dos centenas se libraron de morir tras ser arrojados al mar desde el aire en los vuelos de la muerte o fueron asesinados por medios menos exquisitos o modos menos refinados. Leila Guerriero, en su novela, de reciente publicación (que aún no he leído, por supuesto), titulada “La llamada. Un retrato”, cuenta el caso particular de una superviviente de la ESMA, Silvia Labayru, que dio a luz allí a una niña, que fue entregada a sus abuelos maternos, que desconocían qué le había ocurrido a su hija. Bueno, pues a lo que iba, ese lugar, sumatorio de comportamientos injustos, inhumanos, erráticos, de crímenes nefandos, hoy es un centro de memoria, en el que se explican todos los desmanes y excesos cometidos entre el suelo y el techo y las cuatro paredes de sus estancias.

Otrora, a mis oídos llegaron varias soluciones, a cada cual más absurda o descabellada, para ese lugar de error y horror que fue el Valle de los Caídos, que, oficialmente, se denomina, desde 2022, Valle de Cuelgamuros. La más radical, juzgué, fue la que pedía proceder a su voladura, desde el suelo o el cielo, con varias bombas. Me pareció un despropósito. Había que aprovecharlo para explicar lo ocurrido (y para que no volviera a suceder).

En Bolzano, ciudad de la provincia septentrional de Tirol del Sur, puerta de entrada a la cordillera de los Dolomitas, en los Alpes italianos, en cuyo Museo de Arqueología se custodia la momia neolítica Ötzi, el “Hombre de Hielo”, también cabe encontrar en un edificio de la era fascista, donde tienen su sede las actuales oficinas financieras de la urbe, un bajorrelieve en honor de Benito Mussolini, Duce de la República Social Italiana, a caballo, junto al lema “Credere, Obbedire, Combattere” (“Creer, Obedecer, Combatir”). Parece ser que, como unos ciudadanos eran partidarios de destruir el monumento, que consideraban ominoso, y otros de preservarlo, a alguien que había aprendido la lección que había extraído de esta sentencia de Albert Einstein (“en los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”) se le ocurrió ponerla en práctica y optó por implicar a más gente en la que barruntaba podía ser la solución correcta, la apropiada, la didascálica, convocar un concurso de ideas para sacarle el mayor partido a la obra, sin tener que demolerla. De las más de quinientas propuestas recibidas, un jurado eligió cinco y ganó la que hoy cabe contemplar. Encima del bajorrelieve, iluminada por bombillas LED, aparece superpuesta una cita de la filósofa alemana judía Hannah Arendt, que dice “Nadie tiene derecho a obedecer”, que se lee en los tres idiomas locales, italiano, alemán y ladino. Ese monumento de consigna fascista se ha visto corregido, matizado, sin tener que ser cancelado, destruido, por cuanto puede servir como lección objetiva: enseñar/aprender la historia, sin tener que borrarla. ¿Qué cabe hacer con el arte existente, que tanto denigró a los oponentes? Mutatis mutandis, lo mismo que hacen las artes marciales, como el judo o aikido, aprovechar la fuerza del contrario para vencerlo.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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