ME GUSTA SER QUIEN SOY, SIN DAR EL PEGO
Aunque todos tenemos uno, al ego
Arma de doble filo catalogo;
En su piélago de ínfulas me ahogo,
O no, si humilde soy, sin dar el pego.
Puedo sentir por él odio o apego,
Como eso del tal dijo un pedagogo;
Cuanto más zurro o atizo, más abogo;
Cual huevo frito, con chorizo allego.
El ego es un corcel blanco sin riendas,
Que, libre de ataduras, vive a su aire;
Si nadie le hace a él ningún desaire,
Al tal no nace hacérselo, a sabiendas,
A nadie, ora cercano, ora alejado,
Cercado en un redil, de él arrojado.
Ángel Sáez García