El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Una amputación es la autocensura

UNA AMPUTACIÓN ES LA AUTOCENSURA

“Como hace dos meses y medio, poco más o menos, parece haberse levantado la veda, pues todo quisque (a ver, todo lector, ella, él o no binario, de alguna urdidura suya) escribe y le manda su opinión sobre la misma, no he querido ser la excepción que confirme la regla, y por eso yo también he redactado y luego le he enviado mi parecer sobre una en concreto, que me gustó mucho, la que lleva por título ‘Ayer me tomé un té helado con Toñi’, que apareció publicada en su blog el pasado 13 de agosto.

“Usted, Otramotro, tiene la rara habilidad de sacarse de la manga de su camisa o chaqueta (supongo que lo hace, despistándonos, aprovechando el mismo momento en que se la arremanga), como el perito prestidigitador de la literatura que es, un as; en esta oportunidad, un té helado, que deja congelado al lector, que propicia que se concentre en la lectura del texto, porque intuye que una alhaja de oro, no de oropel, va a hallar en él.

“Para usted, está claro, cristalino, que lo importante, precipuo, principal o prioritario de la literatura es que se lea, porque, si no lee, esa obra queda reducida a agua de borrajas o cerrajas, minimizada en nada. Si no hay quien extraiga el jugo o zumo que ampara o contiene, si no hay quien interprete lo que dice el texto, ese escrito permanece inédito, aunque haya visto la luz. La clave de bóveda de este texto se halla en estas palabras que pronuncia usted (con una leve variante final, que prefiero): ‘Echo de menos recibir correos de las personas que he querido y quiero, a pesar de que es lógico, y acepto de buen grado que no haya correspondencia entre vuestros sentimientos y los míos, pues nuestras situaciones son distintas’.

“Mi intuición me dice que siente añoranza, morriña o nostalgia del pasado no pesado, sino liviano; puede que, siendo joven, universitario, recibiera cartas o postales de las novias que tuvo; y esa circunstancia, que tanto le llenaba y/o ponía, la echa de menos ahora.

“No tengo cómo probar lo que barrunto, pero, me apostaría doble (café o caña) contra sencillo, como le gusta escribir a usted, con quien fuera, a que usted, al que no le falta en su rico armario o repertorio la máscara de embustero redomado, es el hacedor de alguno de los correos que adjudica a comunicantes anónimos, que hace las veces de carburante, que le da aliento y alimento, pues es la gasolina o el gasoil que favorece que el coche de su literatura no se detenga, y ruede y devore kilómetros o tire tanto como las pilas Duracell.

“En esta réplica que le hace usted a Toñi, cabe hallar un refuerzo a mi teoría: ‘—¿Tanto te cuesta escribir y mandarme un ‘emilio’ o email, contándome que te ha gustado, o no, lo último que has leído mío?’.

“Creo que hay un verso endecasílabo implícito que le cuadra mejor al texto de marras que el que escogió para rotularlo: ‘Leerte me relaja hasta la raja’.

“El humor es el requisito imprescindible, necesario, o condición sine qua non, para seguir peregrinando por este ‘lacrimoso valle’, ya que la falta de amor puede suplirse con una ración doble de humor.

“En la ‘nota bene’ hay otra clave que me entusiasma. Usted, cuando se pone la máscara de Otramotro, es un defensor a ultranza de la verdad. Cree que la autocensura nos coarta el bien más preciado que a los hacedores de creación artístico-literaria nos dieron los cielos, según pensamiento de Cervantes. Si se hace un remake o nueva versión de la serie del doctor ‘House’, no le propongo al posible productor de la misma que lo contrate a usted como protagonista, pero sí como guionista. Su pluma mejoraría ese producto, seguro”.

Solo queda agregar una palabra para que el texto se corone: Amén.

Nota bene

Pero, a renglón seguido, me desdigo, porque Máriam Martínez-Bascuñán ideó un argumento sugerente que leí y me llevó a reflexionar. Lo incluyo en la presente nota bene, por si goza más gente repensándolo. En la página exacta del Babelia, cultural suplemento de EL PAÍS, del sabatino quince leer cabe las líneas que encierran su razón: “(…) En La edad de la inocencia (Pulitzer de 1921 y el primero concedido a una mujer) esa disección tiene forma de historia de amor. Pero el amor es solo el bisturí; lo que abre en canal es otra cosa: la libertad, y lo que cuesta. Bajo la historia de Newland Archer y la condesa Ellen Olenska, Wharton escondió una verdad incómoda: la sospecha de que libertad y dignidad no son dos virtudes distintas, sino una sola, mirada desde dos lados. Quien no se ha dado ningún límite propio no es libre, vive a merced de las convenciones ajenas, de alguna forma obediente sin saberlo. Y quien se fija uno y lo sostiene, aunque le cueste todo, es dueño de sí mismo”.

He de reconocer que es sugestivo cuanto escribió Martínez-Bascuñán. Pero me pasa con todo lo que me parece perfecto como con una de las frases que más me gustan de “El perseguidor”, de Julio Cortázar, que empiezo a hallarle más agujeros que a un colador. ¿Ponerse límites artístico-literarios no es autocensurarse? ¿De qué sirve ser dueño de sí mismo si uno debe hipotecar todo lo que es para obtenerlo? ¿De qué sirve ese todo si deviene en nada?

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído