El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXLIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXLIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Casi, casi, das la definición de “ilécebra” (amén de “halago engañoso”, como sabes): “cariñosa ficción que atrae y convence” (en tu caso, “explicaciones que te han encantado y convencido”). No sé si ver en este hecho una chiripa (casualidad favorable), una serendipia (ayer, por cierto, por la tarde, vi buena parte de la encantadora cinta “Serendipity” —2001—, dirigida por Peter Chelsom y protagonizada por John Cusack y Kate Beckinsale, en Telecinco) o un poliedro de casualidades.

A mí no me cabe la menor duda de que lo que pretendes con tus comentarios a mis urdiduras (o “urdiblandas”) es sacar lo mejor de mí. Te aviso de que será difícil que, cuando coincidamos en el espacio y en el tiempo, en Cornago o donde sea, objetes o refutes este criterio mío.

Pero entre los quisquillosos y teatreros hay quienes pretenden hacer el mal y quienes, como es tu caso, procuran hacer el bien.

Te entiendo casi completa y perfectamente, porque tres cuartos de lo mismo me suele acontecer a mí. Cuanta más información tengo, cuantos más puntos de vista considero o conozco, más complejo o complicado me parece el asunto o hecho que pretendo desentrañar, el que sea.

Ya sabes que escribo algunos de mis textos con bastante antelación a la fecha de su publicación aquí, en Periodista Digital, concretamente, en nuestra bitácora, el blog de Otramotro. He leído dos veces el poema que titulé “Los otros fuimos nosotros” para ver si daba con la idea que lo provocó, pero no la he hallado y, como no deseo dejarte con la miel en los labios, he pergeñado en unos minutos una posible explicación, a modo de ilécebra. A ver si te peta. A mí, al menos, me ha agradado bastante trenzarla.

Si te suministro más información, seguramente, lo tendrás y/o verás claro, cristalino. Para poder urdir la espinela en cuestión (y, asimismo, poder comprenderla en toda su crudeza y extensión), tal vez no sobre comentarte que, así como Atenea o Palas Atenea nació de la frente de Zeus, mutatis mutandis, de mi cabeza brotó o nació uno de mis heterónimos femíneos o una de mis personalidades femeninas, Estela (o Estrella). Y, como no me sale negarle nada a la tal, sobre todo, por el rastro de felicidad que deja en mi rostro, adopté su papel o rol y, vistiendo sus ropas, le aduje a mi ex, Alfredo, qué opinaba al respecto de nuestro matrimonio y de lo que nos salvó a los dos, nuestro divorcio. Del orco que formamos u organizamos entre la menda, Estela, y mi esposo, Alfredo, los culpables del tal lo fuimos ambos, y no las estrellas del cine y de la televisión que ambos conocimos (en el lenguaje bíblico también, por supuesto). Ergo, los otros, quienes convertimos nuestro cielo en un erebo, fuimos nosotros mismos. La culpa de aquel affaire o escándalo que trascendió a los mass media no la tuvimos única y exclusivamente Marte y yo, que sufrimos un accidente de tráfico y nuestro coche quedó para la chatarra en una cuneta con Marte muerto, sino tú, que te tiraste a su ex, y yo, por decidir darte un escarmiento, que no miento, pegándotela con él, Marte, tu mejor amigo.

Deseo y espero que ahora la décima la entiendas de cabo a rabo.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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