El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Tomadura de pelo o «inclusion rider»

TOMADURA DE PELO O “INCLUSION RIDER”

El domingo pasado, 25 de marzo, me quedé helado, de piedra, tras leer en la página 98 de “El País Semanal”, el artículo titulado “Buen camino para el asesinato”, de Javier Marías, que versaba sobre la “inclusion rider” en el cine, una disposición milagrosa (pues, al parecer, su mero cumplimiento a rajatabla, no miento —pero, una vez he urdido dicho verbo, he decidido lo que convenía hacer sin demora, asperjar esta urdidura con unas cuantas gotas de sarcasmo—, lleva aparejado, como corolario, lo esperado, el prodigio, la excelencia del producto) que exige, usando las mismas palabras de Marías, “que tanto en el reparto como en el equipo de rodaje, haya al menos un 50% de mujeres, un 40% de diversidad étnica, un 20% de personas con discapacidad y un 5% de individuos LGTBI”.

¿Por qué, me pregunto retóricamente, el elenco de una película, de una obra de teatro, o de un circo, va a dar lo mejor de sí, si se cumple, de manera estricta, precisa y rigurosa, la contractual “inclusion rider” que si no? ¿Por qué? ¿Acaso, atento y desocupado lector, seas ella o él, si has hecho el esfuerzo de invertir unos minutos preciosos de tu preciado tiempo de ocio en pensar, de manera concienzuda, sobre ello, no has llegado a la conclusión de que no es más que otro engañabobos que nos quieren colar, otra soberana patraña, de la misma especie o jaez de la parida de la paridad? ¿Por qué si la bendita y citada cláusula, mano de santo, no se cumple en otras profesiones, en las finanzas, en la judicatura, en la enfermería, en la docencia o en el deporte, por ejemplo, sea fútbol, baloncesto, atletismo, tenis, campo a través o ajedrez?

Esos criterios inclusivos pueden no ser repulsivos (confieso que para mí sí son repelentes, pero respeto que para otros no lo sean), pero ¿acaso no van a entorpecer más que a ayudar el trabajo creativo? Yo, al menos, así lo veo. Un autor otrora, en la época clásica (sea la grecolatina o la de los Siglos de Oro en España), tenía que acomodarse a las unidades de acción (asunto), tiempo y lugar, pero hoy en día, con la revolución de los procedimientos narrativos llevados al cine, ¿un moderno guionista de cine, dramaturgo o novelista, en el caso de aceptarla, no se vería coaccionado en su ámbito más íntimo e irrenunciable, la libertad?

No me creo, ni harto de güisqui, que un filme vaya a ser la repanocha, si aparece la citada conditio sine qua non en los contratos firmados por las estrellas, o un desastre, si no. La bondad o maldad de la cinta, me temo, dependerá de lo de siempre, de un guion excelente, verosímil, de una buena dirección de actores y de que el resto (música, fotografía, montaje, etc.) no desentone.

Un productor, quien dispone de cierto caudal y ha decidido invertirlo en hacer una película, intentará sacar el máximo provecho a su apuesta contratando al equipo idóneo, el más competente para obtener el producto apetecido, que le reporte beneficios crematísticos y, si la cinta recibe además reconocimientos por parte del mundo cinematográfico, miel sobre hojuelas. Pero lo primero para él será recuperar el dinero arriesgado.

Si yo fuera productor, que no lo soy, vería con buenos ojos que las actrices y los actores que fueran a actuar en mi película no me exigieran a mí la “inlusion rider”, sino que se la exigieran ellas/os a sí mismas/os y, en lugar de imponerme a mí el trágala, se lo impusieran ellas/os, donando, verbigracia, la mitad de sus sueldos a mil y una causas nobles para que la inclusión social fuera, de verdad, un hecho.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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