El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

«La casa del lago» es un impar sueño (II)

“LA CASA DEL LAGO” ES UN IMPAR SUEÑO (II)

(Sigue.)

Cuando el paciente que espera una resonancia le pregunta a la doctora si cree que saldrá de esta, Kate le contesta “sí, por supuesto”. Puede que la misma pregunta e idéntica respuesta se la formulara y contestara, al ponerse a escribir el guion, David Auburn.

Cuando Kate se disculpa por las huellas de perro y la caja de la buhardilla, Alex comprueba que las huellas no las hay y la caja no la halla. Cuando Kate lee la nota de Alex en el coche y le responde (esto lo resuelve mal Auburn), ni siquiera se baja del coche para comprobarlo, como sí hace Alex en su cronotopo.

Cuando el prestigioso arquitecto Simon Wyler (quien diseñó la casa del lago, pero fue incapaz de crear allí un hogar, como le reprocha indirectamente su primogénito), padre de Alex, se reúne con su equipo, entre cuyos miembros se halla, como mano derecha, su segundo hijo, Henry, este le dice (al presentarle el nuevo proyecto):

“—Señor, verá; es obvio que me he inspirado en la metáfora de la fuga, el bucle,…, sí”.

Por cierto, ese mismo tropo de lo circular en la película es evidente en las continuas idas y venidas de los protagonistas a la puerta que parece comunicar los mundos de Kate y Alex, el buzón de la casa, donde depositan y recogen sus epístolas (la imagen de Jack, ladrándole al fantasma del buzón, que baja y levanta la bandera roja del mismo, sin dejarse ver, es inolvidable); en la puerta giratoria del edificio donde tiene su sede y oficinas el estudio de arquitectura de los Wyler y compañía (la cámara, en lo que reputo un hallazgo cinematográfico, da allí, dentro de la misma, un giro completo), en los protagonistas bailando el día del cumpleaños de Kate, en la pareja de patinadores que hay en la pista de hielo, aneja al restaurante “Il Mare”, etc.

Cuando, tras encontrarse y saludarse los hermanos, Alex y Henry, están tomándose sendos botellines de cerveza en un bar, el primero le confiesa al segundo que ha comprado una casa en el lago (y, tras varios pases del filme, aquí es donde advierto que el guion hace aguas, pues luego nos enteramos los espectadores de que allí vivieron ellos, la familia) y, además, que tiene perro (“que apareció en casa de repente”), al que Alex y Kate llaman Jack, aunque es hembra, que tiene el raro don o la capacidad insólita de ir y venir en los alternativos o diversos mundos del multidiverso, como las cartas que se envían y recogen y leen allí mismo los amantes, o de bilocarse, pues todo viene a indicar que se trata del mismo can.

“—Siempre hay algo mejor a la vuelta de la esquina”, recuerda la niña ingresada en el hospital (el dicho que le ha escuchado aducir a su madre varias veces), que está viendo una película en la tele de su habitación. Destaco esta verdad, porque es irrefutable. Ahora bien, también lo es su opuesta, que siempre hay algo peor.

“—Pero, si no tiene cuidado, pasará toda su vida esperando”, le contradice u objeta Kate, como queriéndome dar la razón, por lo que acaba de urdir esta menda unas líneas más arriba.

(Le ruego al atento y desocupado lector, sea ella o él, de esta chuchería literaria, que me permita hacer aquí la siguiente digresión. Hay a quienes no les cuadra ni encaja —no entienden— que dentro de la caja de Pandora, según el mito clásico, una vez fue abierta por esta, solo se hallara un bien —o un mal—, la esperanza. Quien haya leído el doble y contradictorio o complementario pensamiento de Friedrich Nietzsche, ora bendición —“la esperanza es un estimulante vital superior a la suerte”—, ora condena —“la esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”—, y Nietzsche la/o haya convencido, acaso haya salido indemne de dicho aprieto o brete.)

(Continúa.)

Jack, la mejor y más cínica amiga de la solitaria doctora del futuro y del soltero arquitecto del pasado, además de una experta jugadora de ajedrez.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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