El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Nuestra testa cobija varias mentes

NUESTRA TESTA COBIJA VARIAS MENTES

Eso es así, sin duda, por supuesto. Ergo, no exageró, no, Pedro María Piérola García cuando adujo en una de sus inolvidables clases (¿acaso podían serlo las impartidas por él, un maestro como la copa de un pino, epígono a ultranza de fray Ejemplo?, modelo este de actitud o comportamiento que a él solía venirle de ordinario a la mui o sinhueso, y epónimo o personaje ejemplar por antonomasia o excelencia de todo buen proceder humano, que algunos acarreamos desde entonces, nuestra adolescencia, porque, una de dos, o nos lo legó él o lo adoptamos nosotros), dejándonos al grueso de sus alumnos pasmados, que nuestra testa cobija más de una mente o personalidad.

De modo sencillo, Piérola vino a decirnos lo mismo en lo que otros antes habían reparado (en este caso concreto, sin que se hubiera estropeado nada), esto es, nos refirió lo que otros habían descubierto por su cuenta y riesgo, que la realidad descrita arriba es una verdad imperturbable, apodíctica.

¿Qué es lo que hace un escritor de ficciones cuando, basándose o no en su experiencia personal, toma de su circunstancia unos dechados humanos y no otros, y entre los seleccionados intercambia caracteres físicos, éticos y estéticos, a fin de concebir en su magín los personajes de una novela, por ejemplo? ¿No dedica una parte exclusiva de su cabeza a pensar como lo haría dicho ser, en el supuesto de que fuera real, equis dichos y hechos verosímiles, aunque su personalidad pueda (y hasta deba) evolucionar a lo largo de la obra?

La reflexión anterior puede extrapolarse o servir también para el ámbito del teatro y hasta para el terreno de la poesía, donde ha arraigado un prejuicio que cuesta Dios y ayuda arrancar de cuajo, este: tiende a creerse a pies juntillas que quien versea es más auténtico en cuanto cuenta y más sincero que un narrador o dramaturgo (ella o él), pero eso carece, a todas luces, de un ápice de validez y aun de una pizca de vigencia científica. Basta con haber leído el poema “Canto a mí mismo”, de un poeta completo, total, o sea, contradictorio, como fue Walt Whitman, para ver cristalino y tener claro lo obvio, esto (“¿Qué tenéis que decirme? / ¿Que me contradigo? / Sí, me contradigo. Y ¿qué? / (Yo soy inmenso… / y contengo multitudes.)”.

Por mor de seguir siendo sensato, reconozco mis escasos conocimientos en la materia (conviene no meterse jamás en camisa de once varas), así que dejo en el tintero el asunto espinoso y poliédrico de las diferentes patologías que sufren quienes, aquejados de personalidad doble o múltiple, hayan cometido crímenes o no, son sujetos que tienen mentes que se disocian, pero no controlan sus personalidades.

Abundan los binarios o maniqueos, sean creyentes del mazdeísmo o no, que a algunos nos gusta llamar dualistas (o) duelistas, que gustan colocar, ideal o virtualmente, detrás de cada persona, a un lado, un angelote, asesor del bien, y a otro, un diablillo, perito en tentaciones (la misión del primero es apagar los incendios que origina el segundo). ¿Acaso usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, no ha fantaseado (estando despierto) nunca con hacer o decir lo que en modo alguno haría o diría  estando en sus cabales? Yo, lo confieso aquí, sin ambages, sí he fantaseado (y muchas veces) con hacer diabluras y decir pestes. Ahora bien, ¿debo confesárselo también a un cura para dejar saldada la deuda contraída por mi bajeza? ¿Habrá algún día juez o tribunal que falle lo que sea por lo que el abajo firmante otrora fantaseó? La última pregunta no huelga, no, es pertinente, pues hay quien dicha barbaridad sostiene.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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