EN CONTRA DEL MACHISMO INCORREGIBLE
“—No lo crea usted. ¿Y usted qué dice, Ronzal?
“—Yo… distingo… si el bajo es cantante… Pero a mí no me vengan ustedes con música… ¿Saben ustedes lo que yo digo? ‘Que la música es el ruido que menos me incomoda… ¡Ja!, ¡ja!, ¡ja! Además, para tenor ahí tenemos a Castelar… ¡Ja!, ¡ja!, ¡ja!’”.
Breve diálogo que cabe leer hacia la mitad del capítulo XVI de “La Regenta”, de “Clarín”.
Detesto el ruido. Lo he padecido en numerosas ocasiones y jamás de los jamases me he acostumbrado a él. Quien haya tenido la aciaga y amarga oportunidad de escuchar un inarmónico, desconcertado y desconcertante concierto, amén de ruidoso, ruinoso, como el que ha ocasionado una obra que ha durado nueve o diez meses en la misma o en una calle o plaza aneja a la de su domicilio habitual sabe de qué hablo. O mucho me equivoco o me temo que abundará conmigo en el parecer. Ambos tal vez coincidamos, asimismo, con el criterio que sostuvo uno de los personajes de “La Regenta”, de Leopoldo Alas, “Clarín”, Ronzal, que aseveró que “la música es el ruido que menos me incomoda”; frase que otros adjudican a quien, según ellos, la adujo, Napoleón Bonaparte, con otras palabras: “La música es el menos molesto de los ruidos”.
Tras considerar los pros y los contras de todas las varillas del abierto abanico, harto del mundanal ruido, me he decantado por la mejor opción, es decir, por bajar esta tarde (suelo llevar a cabo dicha acción solo por las mañanas) a la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela (y, como de bien nacido es ser agradecido —echando mano de otras dicciones, eso es lo mismo que viene a decirle Tecmesa a su marido Áyax, en la tragedia de idéntico título, “Áyax”, de Sófocles—, noto que, una vez más, me brota y se me impone proferir el argumento que no me canso de esgrimir, al dar las gracias a Pilar, Teresa y Luis, los tres competentes responsables de la misma, por su encomiable actitud y la excelente labor cultural que prestan a los usuarios, asiduos o esporádicos, de la ídem), y proceder allí, en silencio, a leer cuanto era incapaz de hacer con provecho en casa, debido a los ruidos ensordecedores del ambiente.
Habiendo tomado asiento donde suele brillar por su ausencia el ruido, he abierto el número 410 del suplemento ideas del prestigioso diario EL PAÍS, correspondiente al domingo 19 de marzo de 2023, por la mitad; y he leído con atención y sumo gusto tres tribunas, las tituladas así: “La autora del himno sufragista que se atrevió a amar a Woolf”, que lleva la firma de su hacedor, Daniel Soufi, en la página 7; “Un golpe antidemocrático en Israel”, de Yuval Noah Harari, en la página 6 (he ido de atrás adelante, sí); y “Ni citas, ni sexo, ni boda, ni hijos”, de Ana Vidal Egea, en la página 5. Me he inclinado por escribir un soneto sobre el contenido de la última colaboración. Entonces, hace una hora larga, no sabía que lo coronaría con un estrambote de tres versos monorrimos. Lo he titulado “LAS CUATRO NEGACIONES COREANAS” y sus diecisiete versos endecasílabos son los que siguen:
Iluminada fue una hija sumisa, / Esposa casta y abnegada madre. / ¿Y la mujer actual? ¡Vaya desmadre! / Se ha negado a plancharme la camisa. // La estampa que hoy auguro aquí va a misa. / Por mucho que el varón hodierno ladre, / Aunque esta situación a él no le cuadre, / Servidor de que irá a peor avisa. // Las cuatro negaciones coreanas / Grito es desesperado que ha prendido / En quienes no han hundido como Dido // Y odian de ajenas culpas ser paganas. / Se niegan con los hombres a salir, / Casarse, tener sexo y a parir. // Yo seguiré, a excepción de la primera, / Las restantes tres esta primavera, / Como la estación previa y venidera. ///
Nota bene
Por si le sirve al atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) para inteligir mejor el soneto, dejo constancia aquí de los siguientes apuntes. En los dos primeros versos hago una etopeya (retrato moral) sucinta de mi progenitora, Iluminada, ejemplo a seguir acaso in illo tempore, pero los tiempos, las costumbres y los dechados o modelos comportamentales mudan. En los dos siguientes versos echo mano del recurso literario de la ironía (quiero dar a entender que opino lo que está en las antípodas de lo que aparece escrito y se lee), pues yo no soy machista, al contrario. En el segundo cuarteto pinto un cuadro negativo, pesimista, de las relaciones tóxicas que mantienen algunas féminas con algunos varones, y pronostico que, si no media un cambio radical en el comportamiento de algunos hombres, machistas a machamartillo, empedernidos, puede empeorar aún más el statu quo, el estado de las cosas. En los tercetos que completan el soneto doy cuenta de “los cuatro noes”, consigna que airean cada día más féminas surcoreanas, que se niegan (y hacen bien, lo correcto) a ser ciudadanas de segunda o, aún peor, de tercera. En los tres versos finales del ¿estrambótico? estrambote, abundo, de veras, con tres de sus cuatro negaciones. Y es que acaso tenga razón François de La Rochefoucauld: “A los viejos les gusta dar buenos consejos para consolarse de no poder dar malos ejemplos”. ¿Que por qué? Porque hoy, jueves 30 de marzo de 2023, los datos del DNI no mienten, no, cumplo sesenta y un años.
Ángel Sáez García