El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Se me ha ocurrido preguntar a Emilio

SE ME HA OCURRIDO PREGUNTAR A EMILIO

¿QUÉ TRAERÍA CAMBIAR NUESTROS ROLES?

A mis dilectos amigos “los Luises”, Calvo Iriarte y de Pablo Jiménez, por la inmejorable serendipia que sucedió cuando los hallé en un lugar inesperado y, asimismo, por defender los tres, de mancomún, los lazos de dicha amistad triangular a capa y espada y a machamartillo.

Hoy he recibido correo electrónico de Isabel Lesbia Belisa. Se ha limitado a formularme una pregunta: “Otramotro, ¿es tu alter ego Emilio González, ‘Metomentodo’?”.

Le he contestado esto: “Sí”, a secas. A una brevedad, a veces, le cuadra o viene estupendamente, como anillo al dedo anular, otra. Ahora bien, sé que leerá esta respuesta más extensa a su cuestión (si no ha decidido variar su actitud o comportamiento habitual, claro). Así que va para ella y para cuantos lectores (ellas, ellos y/o no binarios) se lleven a la vista los renglones torcidos escritos hasta aquí y los que siguen, sean asiduos a esta bitácora o esporádicos.

En Algaso, mi Macondo particular, personal, no he hallado, hasta el momento presente, una sola persona que me haya hablado mal de “Metomentodo”, el personaje literario que creé hace muchos años. Es una especie de Mortadelo, por las múltiples personalidades que, velis nolis, le he obligado a adoptar, y él, conforme, siempre contento, ha aceptado, de buen grado, o dicho amén, sin rechistar. Itero, por tanto, mi anterior y escueta respuesta: sí es mi alter ego; pero, además, tiene su propia personalidad, libre, que escapa a mi control. A nadie le debería extrañar, por ende, que sea el heterónimo al que le profeso o tengo más aprecio y/o estima, del vasto conjunto o patulea que ha pergeñado mi magín y me acompaña, no como claque o cortejo, sino como iguales, mis amigos. El resto de los tales no le tienen envidia, porque saben cómo las gasto, qué les pasaría y cuánto pesaría, si este menda advirtiera un ápice o pizca de ella, que irían, sin remisión, como han ido otras veces, a parar al banquillo (no me refiero al jurídico, sino al lúdico o deportivo), a calentarlo con sus posaderas.

¿Que por qué? Porque estoy plenamente persuadido, sin posibilidad de hallar en mi convencimiento grietas o rendijas por las que pueda colarse de rondón la duda flaca, de que, si intercambiáramos nuestros papeles, él haría conmigo tres cuartas partes de lo mismo de lo que yo he hecho con él, crearme para que yo adquiriera vida propia y pudiera pensar y expresar o sostener los pensamientos que a él no le salen (ora por la mui, ora por la péndola) con la misma facilidad con la que me resulta hacer eso a mí.

Y nada más idearlo, he procedido a llevarlo a cabo para ver qué deparaba la cosa. Se me ha ocurrido preguntar a Emilio ¿qué traería mudar nuestros roles? Y él, como puede ser igual de guasón que yo, e incluso más zumbón todavía, me ha respondido, admirándome, epatándome, lo que no había calculado que pudiera salir por su sinhueso o bolígrafo: que, desde que tiene móvil, no lleva reloj, como me consta, y, menos aún, de tal marca y valor en la muñeca. Y se ha quedado tan campante, tan pancho, dejándome chasqueado, con un palmo de narices.

Nota bene

Como dejó escrito en letras de molde Ralph Waldo Emerson, “únicamente la obediencia tiene derecho al mando”. Así pues, obligado por mi heterónimo “Metomentodo”, declaro y reconozco, sin ambages, aquí la verdad pura y dura, que Isabel Lesbia Belisa es otro de mis heterónimos, hermana, por ende, de Emilio. A mí me ha permitido añadir, por mi propia cuenta y riesgo, como suelo hacer otro tanto yo con él, que Isabel acaso sea otro de los trajes que he confeccionado para él, otro Zeus.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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