El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Podemos ser amigos, sí, del alma

PODEMOS SER AMIGOS, SÍ, DEL ALMA

AUNQUE DE CASI TODO DISCREPEMOS

Siempre que eso sea posible, a mí me gusta ir a todos los lugares del término municipal de Algaso a pie, andando, por mero contagio de una costumbre ajena, ya que a mi guía, maestro y mentor, fray Ejemplo, otro Aristóteles, tan peripatético como él, le chifla desplazarse a cualquier parte que quede a tiro de piedra en el coche de san Fernando, o porque me pirra charlar con él, un sabio, una persona inteligente y sensata, y como a él le apetece hacerlo mientras caminamos, pues yo me he habituado, por razón de las neuronas espejo o neta imitación, a ese aspecto concreto de su modus vivendi, que ha acabado siendo también el mío.

Algo le debe impedir andar regularmente para que fray Ejemplo abandone o rehúse seguir la senda que abrió dicho principio; verbigracia, que haya nevado, helado y el suelo esté resbaladizo y amenace riesgo de caída, o esté lloviendo a cántaros, o sea, jarreando. Callejear le ayuda a pensar, favorece su meditación, propicia su reflexión y juicio ponderado. La cadencia o frecuencia de dar un paso y luego otro, sin pensar que debe ir uno detrás del otro, beneficia que él pueda amasar a conciencia o dar mil vueltas a las ideas que le brotan y, así, lograr sacarles el máximo jugo, partido o provecho. Quien anda no compite contra nadie; y, lo haga solo o acompañado, siempre consigue galardón, medalla o presea, en la modalidad que sea, en solitario, dúo o pareja, o trío.

En uno de los coloquios prístinos del comienzo de nuestra relación de amistad, me adujo:

—Podemos ser amigos, sí, del alma, / aunque de casi todo discrepemos, / siempre que hagamos eso en paz, en calma. / Te regalo esos tres primeros versos, / por si escribir un día te apetece / un poema en tercetos en cadena.

Recuerdo que le contesté (tras volver a pasar mi vista por los apuntes que otrora tomé) esto:

—Quizá ni hoy, ni mañana, ni pasado, / sobre ese asunto escriba yo un soneto, / pero un día, teniendo el quid muy claro, / acaso un boli azul empuñe firme, / y aproveche el obsequio que hizo antaño / con tanta antelación, y lo componga / en un visto y no visto o dos pispases. / Será, seguramente, o eso intuyo, / para rememorarle a usted, dechado.

En otra de nuestras primeras conversaciones le pregunté:

—¿Cuál es la mejor, la óptima lección, que ha aprendido en los años que ha vivido?

Me contestó, cual hijo del rayo, esto:

—Entre el blanco y el negro, hay una inmensa gama de grises. En cualquier grupo de gente que analices o estudies, acabarás concluyendo que no es homogéneo, aunque se trate de una agrupación, formación o partido político.

—Noto que se ha quedado con ganas de añadir algo más para completar o complementar su argumento.

—El grupo no es tan bueno como el grueso de la gente, nosotros, por ejemplo, creíamos, tras echar un primer vistazo; ni tan malo como los mismos hoy juzgamos y opinamos. Nuestros congéneres son, poco más o menos, como nosotros, gente capaz de conseguir retos increíbles, a pesar de tener algunas actitudes o comportamientos deleznables, deplorables, que han dejado tanto que desear.

Un día (hace la tira de años, ¿ocho?) le planteé esta cuestión:

—¿Para qué andamos?

Y él, como una centella, me largó esto:

—Para sentirnos vivos, útiles; y para provocar el debate de ideas entre nosotros, sin tener que utilizar el bate. Para que, mientras hablo y elaboro mi tesis, tú discurras un razonamiento para apoyarla o para derribarla de la peana sobre la que la había colocado; y, así, aprendamos los dos.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído