El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

En mi taller he hallado otro botijo

EN MI TALLER HE HALLADO OTRO BOTIJO

DIRÍA QUE POR PUERTO FUE COCIDO

“Uno de los grandes problemas que aqueja a la sociedad (ahora caigo en la cuenta, no en la cuneta, su anagrama, de que, en lugar de dicho vocablo, podría haber echado mano y escrito una paronomasia o dos, saciedad y suciedad, de dicha voz) actual (que, más que líquida, como la calificó Zygmunt Bauman, a mí me parece en permanente liquidación, ya que todos los seres humanos llevamos, colgado del cuello, un cartel en el pecho donde cabe leer algo parecido a esto: ‘Yo todos mis órganos los medio regalo, los doy prácticamente de balde, porque he decidido liquidar mi anatomía antes de que los demás me obliguen a ello gratis, por nada, bueno, me desdigo, sí, por nada, no, por una nueva ley empática universal que pronto estará vigente en todo el planeta azul, la Tierra, pero que no entiendo, si antes no entra en vigor otra más urgente, que es el reparto equitativo de todos los bienes existentes, muebles, inmuebles, semovientes y un largo etcétera, de toda la riqueza mundial, sin que sirva de nada ni mi avenencia o consentimiento ni mi objeción, por un montón de razones superiores, solidarias; y no voy a ser tan estúpido como para perder el tiempo, que es oro, aunque sea también líquido, como el aceite de oliva virgen extra, a 12 euros el litro, enumerándolas’) es el exceso de información, que ni siquiera es capaz de tamizar correctamente el cerebro mejor amueblado en el orbe entero de todos los congéneres que lo poblamos (así que a nadie le debería resultar extraño que esa circunstancia a nosotros, ciudadanos del montón, nos supere, y deje patidifusos, para el arrastre), y, cuando parece que lo consigue, a que constate lo que sospecha o teme, que el grueso de la susodicha, una vez procesada, pueda juzgarla como los pañuelos de usar y tirar, los clínex desechables, y como otro tanto cabe aseverar de los cuerpos de las personas que se han ido a la cama con nosotros, para tener sexo, o sea, fornicar como conejos, si esa ha sido nuestra compartida voluntad.

“Haya transacción económica, dineraria, o trueque (del tipo que sea), en el do ut des, o no la/o haya, barrunto y sostengo que seguiré sin hacer el amor, porque no me va el aquí te pillo, aquí te meto el mito dentro de la moto y aquí te mato; aquí eyaculo (donde a ti te parezca bien o mejor, en la vagina o en el recto, esto es, el culo); aquí te quedas; haz con el polvo magia, si es cuanto te cuadra o deseas, pero, por favor, no me metas en un lío de padre y muy señor mío, en un embrollo con forma de rollo, por haberte introducido mi dedo sin uña en tu encerada cueva de garduña sin sentir angustia o, de forma bruta, en tu angosta, casi cerrada a cal y canto o hermética, gruta”.

Este breve texto, dos párrafos apenas, como fue el que más me llamó la atención (por su musicalidad y originalidad) de cuantos escribieron mis nuevos alumnos del taller de creación literaria que imparto actualmente en Algaso, se lo llevé ayer a fray Ejemplo, para me diera su opinión sobre el mismo.

“Mientras lo relees, dando dos o tres vueltas completas al claustro, o sentado en uno de los bancos del jardín, déjame leerlo a solas durante diez minutos y te daré mi parecer. Luego podemos compartir, si no tienes inconveniente, nuestros criterios. Ya sé que tú has meditado al respecto, pero acaso te venga de perlas reflexionar un poco más, como a los demás”, me dijo.

Este fue, poco más o menos, su dictamen: Este chico, si es un chico, que lo dudo, parece haber formado parte de las mismas hornadas de las que salimos tú y yo, en distintas promociones, por supuesto; se parece, como una vasija a otra vasija, a las tandas de botijos que coció el padre Daniel Puerto otrora en Navarrete, eso sí, habiendo despojado al mismo toda capa o información superflua, sea religiosa o no, quedándose solo con las principales, la ética y la estética.

Y, como este menda estaba de acuerdo (si no totalmente, casi) en su esquemático análisis, me limité a hacer lo sensato, optar por mantener la boca cerrada y asentir, pronunciando, al final, una sola palabra: amén.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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