El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Opciones que merecen ovaciones

OPCIONES QUE MERECEN OVACIONES

AUNQUE NO FALTARÁN LOS DETRACTORES

Considero público (así, sí, con la ele entre la be y la i latina, no púbico) y notorio que, del amplio y abierto abanico de posibilidades que se le presenta a un autor (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él), este opta por echar mano o elegir unas varillas y arrumbar o ignorar otras, en su mero y exclusivo ejercicio de libertad creativa. Corona o culmina, mutatis mutandis, lo mismo que un cocinero (hembra o varón), que, a la hora de preparar un plato o un menú, en el mercado, elige llevar a su cesta unas viandas y olvidarse de otras, pues se inclina por esto, eso o aquello y descarta o pasa olímpicamente del resto de las varillas, que le podrían servir también.

A los lectores (ellas y ellos) nos constan las versiones definitivas, las publicadas, no las posibles redacciones provisionales (si las hubo) que (sí/no; táchese lo que no proceda) tuvieron ciertos textos.

A mí, verbigracia, me encantó, me encanta y me encantará (si tengo en cuenta mi experiencia previa) el texto con el que Jorge Luis Borges puso el broche de oro al “Epílogo” de “El hacedor” (1960): “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

Para mí está claro, cristalino, qué quiso decir o dar a entender el genial ciego argentino con él: que el hombre, ella o él, es, básicamente, lo que hace (y no lo que piensa ni lo que dice que ha pensado o tiene previsto hacer, si esto, a la postre, no tiene el correlato adecuado), los frutos que da; que no hay mejor autorretrato para una persona, sea esta quien sea, que sus obras (incluidas sus sobras, sí). Y, asimismo, que existe una estrecha y evidente relación entre el cosmos y el microcosmos, el mundo y el hombre (hembra o varón).

¿Hubo una versión anterior del citado broche de oro? Pudo haberla, pero no hay un solo documento o prueba fehaciente que nos lleve a concluir que este/esta nos consta. Si existió, acaso fuera, poco más o menos, similar a esta, que me dispongo a anotar a continuación: “Un hombre se propuso la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años, pobló un espacio con imágenes de provincias (…). Poco antes de morir, descubrió que ese paciente laberinto de líneas trazaba la imagen de su cara”.

Nadie puede negar que Borges optó por una varilla (o varias) del abanico y descartó otras. Se decantó por el presente histórico y rehusó usar el pretérito perfecto simple y el imperfecto. ¿Por qué? Lo desconocemos. Aventuraré, no obstante, mi parecer. La opción que prefirió Borges acercaba, de manera apócrifa, ficticia, el pasado al tiempo presente, el actual. Dicha opción da la impresión de que transmite una sensación de eternidad. Dada la condición breve del texto, al contener pocas líneas, la elección hecha por Borges parece que le cuadra o encaja, pues no resulta pesada, cargante.

Como de todo hay en la viña del señor, no faltó (ni faltará, me temo; sin temer nada, en sentido estricto) a quien el texto de Borges no le plugo, cuando lo leyó (ni place ahora, cuando acaba de releerlo). Como contiene cuanto a mí me encanta, el cuento es que más veces he contado.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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