El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Tras gritar «¡luz, más luz!», falleció Goethe

TRAS GRITAR “¡LUZ, MÁS LUZ!”, FALLECIÓ GOETHE

REÍRSE CON, NO DE, ES LO SUYO, SÁEZ

“Si, a la postre, Otramotro demuestra que es quien es o, si se prefiere esta alternativa u otra opción, que no es el que no cuadra ni encaja ser con su personalidad proba, ni censor total ni parcial, pues detesta autocensurarse y, por ende, se aviene a publicar en su blog este escolio íntegro de Comentarista anónimo, Ego sum, servidor, como antes ha hecho con los precedentes, aunque no portaran la firma ya asentada, firme, y el atento y desocupado lector continúa leyendo este escrito, claro, se enterará de dos secretos (qué se le va a hacer, uno es como es y quien es; y no está hecho de la pasta que permite guardarlos; confío, espero y deseo que, sin juicio previo, no me mande nadie a la hoguera o la horca por reconocer uno de mis defectos, que tengo más, muchos más); uno, que soy amigo de un amigo de un excolega de Otramotro, a quien este acostumbra a mandar de ordinario los textos que va a publicar en su blog con una semana, un día, dos, tres, o, al menos, unas horas de antelación, y el susodicho amigo del excolega me lo suele reenviar a mí, previo conocimiento del hecho por parte de Ángel Sáez García, por supuesto, que no puso objeciones, siempre que se cumpla una condición sine qua non, el requisito inexcusable, que acatamos a rajatabla, de la absoluta reserva, antes de que esa urdidura vea la luz; y dos, que le escribí a Otramotro, advirtiéndole del fallo que él había cometido, ya que las palabras de su título no las había pronunciado, antes de morir, Immanuel Kant, sino otro escritor alemán coetáneo suyo, Johann Wolfgang von Goethe; me dio las gracias, como hace siempre, pero me dijo que no procedía a enmendarlo, como eso recomienda hacer Confucio, porque había incurrido en el yerro a propósito, para que los criticados por él en el texto, los técnicos de informática de las bibliotecas de Navarra, se rieran antes también con él, pues lo que él pretende con sus ironías, sarcasmos o ‘somarzas’ (vocablo aragonés que usaba mucho un excompañero suyo de facultad, originario de la zaragozana localidad de Azuara, para dar cuenta de las salidas de pie de banco que solemos proferir algunas personas bribonas, de cuidado, granujas) sin cuento es ‘reírse con, y no de’, y él se puso el primero en el disparadero, en vanguardia, para dar ejemplo, como es costumbre o rutina en el personaje que se sacó de su magín, fray Ejemplo.

“Me apuesto doble contra sencillo a que no hay un solo lector (ella, él o no binario, salvo que padezca una enfermedad que le impida sonreír, claro) que solo se ría una vez mientras lee el texto que Otramotro rotuló así, ‘Kant falleció exclamando: ¡Luz, más luz!’, dechado de una prosa barroca, como otro tanto he intentado que fuera la del párrafo que precede a este, compleja, llena de contrastes, pues Ángel Sáez se las ingenia para colocar una expresión popular tudelana, que él cree que recogió José María Iribarren en alguno de sus libros, sobre la falta de iluminación física, que deviene mental, en su mesa de disección (literaria, no anatómica) a fin de hacerle una biopsia (no autopsia) gramatical.

“Otramotro nos advierte en el párrafo inicial que pretende que el lector llegue a ‘una intelección completa del dicho tudelano que aparecerá en el siguiente’ y le suministra la información necesaria que le permitirá desentrañarlo, sobre lo oscuro que estaba otrora el camino rural que llevaba a los términos de Mosquera y de El Bocal, alumbrados, al comienzo, solo por una ‘bombilla mortecina’.

“En el segundo párrafo, Otramotro se inventa un presunto reparto de dones por parte de Dios, en el que a unos les cayó (y calló, pues los dejó mudos) la lotería sin tener que jugar, o sea, sin tener que comprar el décimo, y a otro ninguno. A ese, se le adjudica el dicho, un baldón o sambenito: ‘Tiene menos luces que el camino de Mosquera’, que cada quisque escribe según su criterio, con qu o con k (quizá porque, en euskera, aunque se acepte también eusquera, lengua que cada día halla más adeptos en la Ribera —me parece bien que todo bien cultural se promueva y de él se recomiende su conocimiento, pero que no se imponga—, no existe el dígrafo qu).

“Hoy en día, en Tudela, se sigue acudiendo al dicho para dar cuenta de que hay congéneres que nacen con estrella y semejantes que nacen ‘estrellados’, como con quien se da de bruces Otramotro en la calle de Miguel Eza, que está en cuesta, y, ciertamente, cuesta subirla (no así bajarla), Abundio, que le cayó, mientras rodaba hacia el valle, la roca que acarreaba Sísifo a la cumbre de la montaña, con quien mantiene el diálogo de marras.

“Como el hombre es un animal de hábitos o rutinas, cuando vemos a alguien fuera de su entorno habitual nos llama la atención. No es normal ver a Otramotro fuera de la biblioteca a las diez de la mañana. Acaso lo veas bajando a las ocho y media, desde el barrio de Lourdes, a la biblioteca ‘Yanguas y Miranda’, y saliendo de ella a la una (o media hora más tarde) del mediodía.

“Otramotro ha escrito a mano los casi nueve mil textos que ha publicado en su bitácora de Periodista Digital, y tuvo que comprarse una computadora portátil para poder pasarlos a ordenador. Usaba los de la biblioteca para dicho menester, pero, como no funcionaron durante cuatro días seguidos, y las respuestas que recibía (el problema puede durar meses, o su arreglo sea sine die) lo desalentaban, tuvo que hacer lo que no deseaba, comprarse uno. Hoy, como suele decir él, como no hay mal que por bien no venga, está tan contento, como unas pascuas, con la compra realizada. O sea, que bienvenidos fueron los galápagos, quelonios o tortugas.

“Otramotro no ha contado aún en su blog esto, que iba de camino a la biblioteca para estrenar allí su reciente adquisición, cuando le llamó Teresa, una de las responsables, para decirle que el problema estaba solventado. Cosas del destino, de la chiripa o del azar, que cada quisque elija una, dos o las tres varillas propuestas del abanico.

“Como, mutatis mutandis, todo conocimiento, ajeno o propio, puede servirnos, a mí la anécdota de la NASA me sonaba, porque fue usada para otros dos casos distintos; pero, asimismo, bienhallada.

“He de reconocer que la Nota bene es prodigiosa. En las pocas líneas que la conforman, Ángel Sáez concentra su brillante juego irónico. Recurre a una pirueta literaria, su propia exculpación como autor del texto, sacándose de la manga, cual perito prestidigitador, el as de corazones, todo es producto de un episodio onírico (mas, me consta que casi todo lo que cuenta es real), y atribuye la ácida burla de las puyas dirigidas a los técnicos de informática a su indomable inconsciente, que actúa a su antojo o voluntad, pues va por libre.

“Si se digna publicarlo tal cual está escrito, Otramotro, gracias, muchas gracias”.

Comentarista anónimo, Ego sum

   Menos mal que no padezco delirio persecutorio, porque Comentarista anónimo, Ego sum parece saber tanto de mí como Egomet, que el atento y desocupado lector ya sabe qué significa en latín, “yo mismo”.

Cómo voy a negarme a publicar la urdidura que, si no es la verdad pura y dura, se acerca bastante a ella. Y, encima, está bien redactada y huele a las exuberantes y fragantes rosas rojas recién cortadas por las duchas tijeras que maneja en Rosales la diestra mano de mi vecina Lourdes.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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