Este extracto de entrevista del coronel Diego Camacho con Alfonso Rojo es de este mes de julio de 2026, pero algunos días antes del asalto a Ceuta de este día 30.
Y a este protagonista nadie le engañe, él sabe bien que el riesgo era y es real.
Hace tres años, Pedro Sánchez cambió radicalmente la política tradicional española respecto al Sáhara Occidental. El presidente del Gobierno adoptó una postura similar a la que había defendido Donald Trump, reconociendo la propuesta marroquí sobre el territorio. Este cambio de posición se produjo sin explicaciones claras ni debate público sobre sus implicaciones.
La decisión levanta interrogantes sobre qué recibió España a cambio de modificar su histórica postura diplomática. Más allá de la falta de transparencia ciudadana, resulta especialmente preocupante que este giro no fuera debatido en el Congreso de los Diputados ni discutido formalmente en el Consejo de Ministros.
La falta de procedimiento democrático
Es importante recordar que Pedro Sánchez no es presidente de España, sino presidente del Consejo de Ministros. Por tanto, las decisiones de política exterior de esta envergadura deberían tomarse de forma colegiada, respetando los procedimientos institucionales establecidos.
Sin embargo, este colegiamiento se ha pervertido hasta el punto de que incluso Podemos, partido que teóricamente defendía el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, terminó aceptando el cambio de postura sin apenas resistencia.
La amenaza sobre Ceuta y Melilla
La verdadera preocupación surge al plantear escenarios futuros. Si se produjera una situación similar a la Marcha Verde de 1975, la única posibilidad real de defender el territorio español sería presentar resistencia física. El derecho internacional reconoce que cualquier país invadido tiene derecho a defenderse.
Sin embargo, el principal problema no es Marruecos, sino la voluntad política del Gobierno español. Existen serias dudas sobre si el actual presidente defendería con firmeza Ceuta y Melilla ante una eventual presión marroquí. El argumento geográfico de que ambas ciudades se encuentran en el continente africano podría utilizarse para justificar una postura débil o ambigua.
El enemigo interior
Para quienes defienden la conservación del territorio y las fronteras españolas, el mayor obstáculo no se encuentra en las aspiraciones territoriales externas, sino en la falta de determinación del propio Gobierno. La cesión en la cuestión saharaui sin contrapartidas claras ni debate parlamentario sienta un precedente preocupante sobre la defensa de los intereses estratégicos de España.