El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

No te olvides de que eres creativo

NO TE OLVIDES DE QUE ERES CREATIVO

Siempre que he llegado a la conclusión definitiva de que un conflicto/problema no tiene arreglo/solución, el angelote invisible que suele colocarse detrás de mi hombro derecho me sopla indefectiblemente al oído ídem, lo mismo, esto: “No seas perezoso y pon más ganas. Esmerarte no te ha hecho nunca daño. No te olvides de que eres creativo. Confía en Dios, que siempre echa una mano (inspiradora, sí, por ciencia infusa) a quien se esfuerza y cree que es posible conseguir cualquier reto o desafío”.

Estoy en contra de la violencia, de cualquier tipo de violencia, porque, en principio, no he hallado ninguna que fuera o sea buena (ni siquiera la ejercida contra los peores genocidas, los más desalmados). Ahora bien, como no hay regla sin excepción que venga, precisa y preciosamente, a confirmarla, he de reconocer que en pocas, en muy escasas y escogidas ocasiones, un tortazo oportuno, a tiempo, bien sea físico, bien sea metafórico, si logra despertarte de un aletargamiento diuturno, viene bien, pues ahorra otros, ya que, a la postre, puede resultar didáctico y, por ende, más beneficioso que perjudicial. Y, mientras redactaba estas líneas, no hacía sino recordar el estreno, la “gran calabazada en el diablo del toro” que le infligió el ciego al pipiolo Lázaro de Tormes, y la sabia lección que le dio o él extrajo de la “cornada” (de obra y de palabra, cuando le advirtió de esta guisa: “—Necio, aprende; que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo”).

Eso, poco más o menos, es lo que me ocurrió con uno de mis amigos de antaño. No daré su nombre de pila, verdadero, para que nadie pueda identificarlo (ergo, metamorfoseo, lo reconozco, cuanto en realidad pasó) y él no tenga que padecer lo que tuve que sufrir yo por su parte alícuota de culpa (tras coronar el reparto equitativo con los otros), pues fui, primero, alanceado, como un cinqueño toro de lidia, por la vara, terminada en puya, de un picador, luego, más tarde, abandonado a mi suerte cual maestro o matador, por mi cuadrilla, sin que un solo miembro de la misma usara su capote para quitarme de encima al morlaco, que me acometía con ímpetu, y, al fin, tras recibir una media estocada, ser rematado por el golpe certero que con su puntilla me dio el cachetero en plena nuca o pescuezo.

Grosso modo, ocurrió lo siguiente. Los amigos acudimos al bar de la plaza (que, durante las fiestas patronales, hacía las veces de coso taurino; me refiero a la plaza, por supuesto, no al bar). Dentro del café se iba a representar un sainete, una obra de teatro, que no era gratis; así que se nos advirtió a los presentes con antelación de que quien se quedara tendría que pagar la entrada (un contrasentido, ¿no sería un esperpento lo que iban a interpretar?), una vez hubiera finalizado el espectáculo, a la salida. Nosotros optamos por una alternativa que no había sido tomada en consideración por el promotor del evento: quedarnos a verlo, pero sin ninguna intención de pagar. Para lograr salir airosos del brete, ellos habían ideado un plan que yo no conocí hasta que uno decidió que aquello estaba a punto de acabar. A lo que iba; ellos, ciertamente, se libraron de satisfacer la deuda contraída, pero yo la tuve que apoquinar. Ellos lograron colarse por la abertura que conocían de antemano, por la que yo, por mucho que tiró de mis brazos mi amigo, no pude pasar.

De todos los amigos de entonces, uno solo, el que hoy es reputado por la comunidad donde reside un santo varón, me pidió, contrito por la faena, sinceras disculpas y yo le concedí al instante el lógico perdón. Es el único amigo de verdad, sensu stricto, que me queda de aquel grupo humano. Al resto no pude perdonarlos (y mira que tenía ganas y la mejor disposición de ánimo para hacerlo), por la sencilla razón de que no tuvieron la gallardía ni sintieron la necesidad de disculparse conmigo. Y es que se tiene el don de la empatía o se carece de él y su atutía.

 Nota bene

“¿Has visto qué gran bulo ha escrito ‘el Bola’?” será el whatsApp que se reenvíen ellos… si alguno de los tales esto lee.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído