El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Un nauseabundo hedor lo abarca todo

UN NAUSEABUNDO HEDOR LO ABARCA TODO

LUGAR INMUNDO SIGUE SIENDO EL MUNDO

Que el mundo es una sentina, que el orbe es un albañal, nadie que esté bien informado y tenga dos dedos de frente (o sea, haya probado que es prudente, sensato) se atreve a ponerlo en duda. Lo opuesto también ocurre, pero menos, muchísimo menos. Auguro, y por esa razón aseguro, que a quien le funcionen bien, correctamente, sus cinco sentidos primarios, corporales, y el sexto, la intuición, es consciente de que al bloguero y escritor canadiense Cory Doctorow no le falta razón y/o está en lo cierto cuando aduce que un aluvión de “mierdificación” (neologismo creado por él para dar cuenta de la decadencia de las plataformas) amenaza o pone en riesgo nuestro modus vivendi por varios flancos, los cuatro costados.

Desconozco si a usted, atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de estos renglones torcidos, le han propuesto alguna vez ser escritor por encargo de un ensayo o una novela que firmará otro, quien contrate sus servicios y le pague estupendamente por llevar a cabo dicha tarea. Eso fue, precisamente, lo que me ocurrió la semana pasada a mí. El viernes pretérito lo hablé con media docena de personas, cuatro amigos y dos deudos, y ninguno de ellos se extrañó ni se escandalizó, como sí lo hice yo. Uno, F., inicial de Fermín o fulano, me dijo que el mundo sigue siendo el que fue, porque nada nuevo u original acaece sobre la faz del planeta azul, la Tierra, nihil novum sub sole, que se lee en el Eclesiastés; que continúa siendo el mismo zoco o baratillo en el que se compra cuanto se vende, pues todo depende de la oferta y la demanda de un producto o muchos.

Recibí en mi dirección de correo electrónico más usada esta proposición: “Me gustaría contratar sus servicios para que una de dos, o que me escribiera una novela o, en su defecto, que me la corrigiera y enmendara. Pago muy bien. Por la primera opción recibiría 30.000 euros de ala, y por la segunda, 25.000 (bueno, en su caso, como usted es un estilista, se haría digno merecedor de la misma cifra, otros 30.000).

“Como anticipo, suelo adelantar a mis escritores fantasmas o negros (uso el vocablo sin ánimo de demeritar o ultrajar, por supuesto) un tercio del total, pero con usted haré una excepción: le ofreceré la mitad cuando cumpla este requisito inexcusable, que reciba las primeras cien páginas de la novela original o doscientas de la enmendada.

“Evidentemente, tendrá que firmar un contrato de confidencialidad. He sabido que usted no bebe alcohol, y esa circunstancia me ha terminado de convencer de que puede suplir, de manera inmejorable, al anterior, que desgraciadamente, falleció. Fue él el que, estando muy enfermo, en la habitación que ocupaba en el hospital, me habló de usted con verdadera pasión.

“Le doy un plazo de dos semanas para que me conteste. Si no lo hace (habrá colegido lo oportuno, que la dirección de correo que uso durará o estará vigente ese tiempo, no más, quince días), entenderé, de manera implícita, que rechaza la bicoca, el chollo.

“Olvidábaseme de decir que, si la novela se reedita, con cada nueva reedición que lo haga usted recibirá, asimismo, una prima de 20.000 euros segura, que puede llegar a 30.000.

“Esperando impaciente que el plan propuesto le plazca, se despide

“Unamuno (ojalá entienda y no le moleste mi ironía)”.

Le he contestado lo siguiente:

A ver Unamuno.

Deduzco que has leído “El Quijote” cervantino por la referencia al alcohol (“Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”) y al “olvidábaseme” del alcalaíno.

Hazme caso: tienes herramientas suficientes para escribir tus propias novelas. Sé coherente contigo mismo y trabaja; escríbelas tú. Estarás, además de satisfecho (por el trabajo realizado), orgulloso. Si te las escribo yo, que no he escrito ninguna todavía (podría salirme un churro), te enmerdarás y me enmerdaré. Y tanto una acción como la otra, sin ninguna hesitación, las detesto sobremanera.

Sácate el jugo y líbrate del yugo.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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