LA BANDERA DEL ODIO

La Utilización de la Simbología para Generar Violencia.
Todo estaba preparado de antemano.
El 7 de Octubre de 2023, día de la masacre perpetrada por Hamás y Yihad Islámica en Israel, se activó la maquinaria de la propaganda y ensañamiento yihadista; acompañado por emblemas e iconografías donde destaca la bandera que levantan y con la cual inundan los espacios ciudadanos.
El islamismo radical ya había captado con su dinero parte importante de la prensa, también empresas de relevancia, estamentos sociales y culturales de las sociedades, movimientos universitarios y todo un espectro colectivo relacionado al modo de vida occidental; apoyado esto por una izquierda extremista que ignora los verdaderos genocidios como los que acontecen hoy en Sudán, Nigeria o Siria.
La propaganda yihadista inundó redes sociales y medios de prensa.
Tal como lo hizo Goebbels, ministro de propaganda de Hitler en la Alemania de los años 30, la frase “Miente, miente que algo quedará…” cobró una enorme dimensión, la campaña de mentiras, proselitismo y adoctrinamiento que lo distorsiona todo, alcanzó proporciones colosales y universales.
La magnitud de la difamación implementada rebasa todo límite: terroristas son calificados como periodistas o médicos, niños enfermos son fotografiados como parte de una hambruna tan inexistente como el genocidio del que se acusa al Estado de Israel.
Cada día las redes sociales y la prensa nos inundan con notas, videos falsos y fotografías que intentan demonizar al colectivo judío y a quienes los apoyan. En ciudades como Barcelona, hay judíos que son perseguidos, acosados, insultados y agredidos físicamente por grupos que suelen portar el pañuelo palestino como seña de identificación.
Activistas, algunos por su paga y otros por ignorancia, comenzaron el mismo 7 de Octubre sus marchas en las calles, donde proliferan cartelería, pegatinas y cientos de grafitis que llaman a la destrucción del Estado de Israel con consignas como “desde el río al mar” o “free palestine”.
El apelativo de “judío” fue reemplazado por el de “sionista”, maquillando el odio dirigido hacia el mismo grupo humano, grupo que cuenta con sobrada experiencia en discriminación, persecuciones y asesinatos por su condición humana de identidad.
En algunas de esas marchas “por la resistencia” se pudo ver banderas de Hezbollá o Hamás, perpetradores o socios de crueles atentados terroristas por todo occidente. Pero… necesitaban otra bandera para poder victimizarse, es así como a la bandera jordana se le quitó su estrella para pasar a ser un nuevo símbolo de odio disfrazado de resistencia y justicia.
Esa bandera palestina erigida por algunos miembros del espectro cultural, por manifestantes, por políticos e instituciones públicas que están obligados por ley a mantener la neutralidad, es el equivalente actual de bandera nazi para un judío o para cualquier ser que aprecie su libertad. Cambian los colores, el trasfondo de exclusión, hostigamiento, ensañamiento y odio irracional, es el mismo.
Una vez más los judíos se han visto obligados a ocultar su identidad para evitar agresiones. Son víctimas de acoso, difamación, cancelaciones y boicot; alentado esto por bastantes irresponsables autoridades políticas; ganar el voto de las izquierdas y los recientemente nacionalizados del islam en España, les redunda en mantenerse en un poder político donde impera la incompetencia, la corrupción y el oprobio institucional de una frágil democracia.
Estimado lector, lo que comienza con los judíos, termina con la libertad y dignidad de toda la sociedad democrática cuando está infectada con el virus del antisemitismo. Hay demasiadas evidencias, a lo largo de la historia.
Entre el Pay for Slay (pagos importantes a quienes asesinen judíos) que implementa la Autoridad Palestina, hasta la utilización de la bandera palestina como símbolo de resistencia, hay un abanico de maldad que se ha incrustado en las sociedades libres de occidente.
