LA ODISEA DE LA TRIBU BLANCA DE AFRICA (XIII)

Sudáfrica: Sangre en Sharpeville

La fascinante historia de los blancos de Sudáfrica

Sudáfrica: Sangre en Sharpeville
La foto del escolar Hector Pieterson, muerto el 16 junio de 1976 en Soweto, que conmocionó al mundo. PD

El 21 de marzo de 1960 amaneció claro y soleado en la ciudad de Sharpeville. Llovió un poco más tarde, lo suficiente para limpiar de sangre la carretera.

El fin de semana había sido movido. El Congreso Nacional Africano (CNA) y el Congreso Panafricano (CPA) estaban organizando una protesta contra la ley de pases y la policía había detenido a varias personas.

En la mañana de aquel fatídico día la gente se había dirigido por Seiso Street hacia la comisaría, justo en el extremo de la ciudad-dormitorio.

Se decía que los lideres del CNA querían que todo el mundo se presentara allí para ser arrestado por no llevar encima el preceptivo pase.

Una muchedumbre se congregó en el lugar, cantando y apretujándose contra la verja de seguridad que rodeaba la sede policial.

Del otro lado, una fila de agentes armados guardaba el edificio y, un poco más lejos, dos carros blindados con sus ametralladoras en lo alto presidían la escena.

A medida que transcurría la mañana iban creciendo el gentío, el ruido y la presión sobre la verja de seguridad.

A las dos menos diez exactamente se produjo un cierto revuelo. Al parecer, una mujer muy gorda había sido golpeada por un coche de la policía que intentaba salir del recinto. Sin más, las metralletas comenzaron a disparar indiscriminadamente sobre la multitud. Ese día, 69 personas murieron en Sharpeville y 180 resultaron heridas.

El episodio de Sharpeville se convirtió en un nuevo punto de inflexión en la historia de Sudáfrica.

A partir de entonces la política nacionalista negra fue ilegalizada, sus representantes pasaron a la clandestinidad y cambiaron su estrategia de no violencia por la lucha guerrillera.

Lo que hasta entonces había sido una campaña en defensa de los derechos civiles se convirtió en una guerra civil.

El 30 de marzo, nueve días después de la masacre, Hendrik Verwoerd decretó el estado de urgencia.

El 8 de abril, ilegalizó el CNA y el CPA. Millares de personas fueron arrestadas.

El Gobierno blanco promulgó un torrente de leyes de seguridad, como había dictado antes un torrente de leyes de apartheid, y Sudáfrica se transformó en un estado policial.

La violencia engendró más violencia en una escalada fatal.

Con la oposición negra silenciada, el escaso debate entre blancos y negros desapareció, y la posibilidad de una solución política al conflicto racial fue remplazada por la certidumbre de una confrontación.

Durante cerca de medio siglo, los sudafricanos negros habían llevado a cabo su lucha contra la opresión y la explotación con paciencia consumada.

Cortésmente, deferentemente, comedidamente, decentemente… habían pedido al Gobierno blanco un trato mejor y habían sido ignorados.

El Congreso Nacional Africano había sido fundado bajo el poderoso ascendiente de Gandhi y su filosofía de la no violencia.

Los lideres del CNA estaban influenciados por los misioneros blancos de las escuelas. Los liberales blancos del Parlamento de Sudáfrica eran sus mentores y amigos, el grupo de referencia para la elite intelectual negra con sus aspiraciones burguesas, que aconsejaba paciencia y moderación.

Tras la II Guerra Mundial, no obstante, se habían operado cambios perceptibles.

Las exigencias de una economía de guerra habían provocado un nuevo crecimiento industrial y, con él, una rápida expansión de la mano de obra urbana negra.

Con tantos trabajadores blancos alistados en las fuerzas armadas, los negros habían progresado hacia ocupaciones de mayor capacitación.

Como suele ocurrir, a medida que mejoraban sus circunstancias económicas, sus aspiraciones y su sensación de desengaño engordaban también.

De esta frustración nació una nueva militancia. Un grupo de jóvenes negros formó un grupo dentro del CNA llamado Youth LeagueLiga Joven—, que empezó a presionar en favor de una política más agresiva de desobediencia civil.

La Liga redacto un programa de acción radical que instaba a la desobediencia civil, a la huelga, el boicot y el absentismo, comprometiendo al CNA en una nueva estrategia basada en la ignorancia masiva de la ley.

La Liga Joven consiguió imponer sus lideres y su programa de acción. Cuando el Gobierno promulgó sus principales leyes de apartheid a principios de los años 50, el CNA planteó un arriesgado ultimátum: a menos que seis de las leyes especialmente injustas fueran retiradas convocaría una campaña de resistencia pasiva por todo el país para desafiarlas.

Así empezó la Defiance Campaign, una fase de la resistencia sudafricana similar a la campaña norteamericana de derechos civiles, con sus marchas, sus sentadas y sus actos de desobediencia civil, pero con un final muy distinto.

Durante siete meses, los negros vulneraron las leyes del apartheid, usando las instalaciones reservadas para los blancos, circulando sin pases y haciendo caso omiso de los toques de queda.

Mas de 8.500 personas fueron detenidas y enviadas a prisión.

La Campaña del Desafío no alcanzó su objetivo, pero logro movilizar a un gran numero de negros, sumisos o políticamente inertes hasta entonces, implicándolos en el activismo, lo que los hizo mas conscientes de su situación y sentó las bases de una nueva cultura política en las ciudades.

En junio de 1955 se había celebrado un multitudinario Congreso del Pueblo al que asistieron todos los lideres opuestos al apartheid.

El CNA se había aliado con el Congreso Indio, con el Congreso del Pueblo Mestizo, con una organización blanca Hamada Congreso de los Demócratas que incluía a muchos miembros del Partido Comunista ilegalizado y con el Congreso Sudafricano de Sindicatos, órgano de izquierdas no racial.

Tras un ordenado debate, los representantes de todas estas organizaciones adoptaron la Freedom Charter, como punto de referencia fundamental.

En la Freedom Charter se evocaba la futura Sudáfrica, como un lugar donde blancos y negros vivirían juntos en paz y armonía.

La inspirada proclama comenzaba así:

«Nosotros, el pueblo de Sudáfrica, declaramos a todo el país y a todo e1 mundo que Sudáfrica pertenece a todos cuantos viven en ella, negros y blancos, y ningún gobierno puede apelar justamente a su autoridad a menos que ésta esté basada en la voluntad de todo su pueblo.»

Un año más tarde los autores del documento y los organizadores de la Campaña de Desafío fueron detenidos y acusados de traición.

Los 156 lideres del movimiento de resistencia, entre ellos cierto numero de blancos y toda la ejecutiva nacional del CNALuthuli, Mandela, Tambo, Sisulu, los organizadores de las protestas femeninas y de una marcha sobre Pretoria— fueron sentados en el banquillo ante un tribunal especial en Pretoria para un juicio que duró cinco años.

Así terminó la década de la campaña de derechos civiles en Sudáfrica.

En marzo de 1961 los acusados fueron declarados inocentes de todos los cargos, pero el punto de inflexión de Sharpeville ya había sido superado.

La violencia es el Rubicón de los procesos de cambio social.

Es el umbral donde el contestatario, que permanecía dentro del sistema batallando para transformarlo, se convierte en un revolucionario cuyo único propósito es destruirlo.

Una vez iniciado, el proceso tiene su propia dinámica, que empuja progresivamente hacia el extremismo y donde los agitadores irreductibles canibalizan a los moderados.

Frantz Fanon, el psiquiatra martiniqués fascinado por Argelia, expuso con notable precisión este mecanismo en Los condenados de la Tierra:

«La mente del oprimido queda enclaustrada en un molde maniqueo, en el que todo lo relacionado con el colonizador es visto como diabólico y todo lo que respecta al colonizado es angélico. Es un síndrome que indefectiblemente genera una necesidad enfermiza de violencia y en el que la catarsis solo llega a través de la venganza.»

El paso de la no violencia a la violencia no fue inmediato en Sudáfrica.

Durante un tiempo, el CNA y el CPA intentaron seguir como antes, pero su ilegalización y el que cualquiera de sus objetivos fue considerado por la policía como un delito criminal, imposibilitó la moderación.

El CNA desarrolló un nuevo plan, reorganizándose para funcionar en la clandestinidad.

Oliver Tambo fue enviado al extranjero para recabar apoyos internacionales mientras Nelson Mandela, como líder del Consejo de Acción Nacional, proseguía organizando actos de protesta en Sudáfrica.

En mayo de 1961, desde la clandestinidad, Mandela solicito una convención nacional para establecer una nueva Unión de todos los sudafricanos, advirtiendo al Gobierno blanco que, si no accedía a su demanda, convocaría una huelga general de tres días.

Verwoerd respondió movilizando al Ejército y realizando un masivo despliegue de fuerzas.

La noche anterior al comienzo de la huelga, las tropas rodearon los principales townships. Muchos  negros respetaron la huelga, pero no los suficientes para producir el efecto deseado.

El segundo día, admitiendo el fracaso, Mandela desconvocó el paro.

Fue en aquel momento cuando el CNA decidió abandonar la no violencia.

Si la fuerza bruta aplastaba cada manifestación pacifica, era inútil seguir confiando en los métodos no violentos.

En junio de 1961, Mandela y un puñado de lideres del CNA, que habían eludido las detenciones, se reunieron en secreto y decidieron fundar una guerrilla llamada Umkhonto we Stowe o Lanza de la Nación.

El plan era dinamitar centros industriales, refinerías y otros objetivos económicos, intentando no causar víctimas humanas.

La primera acción de Umkhonto se produjo el 16 de diciembre de 1961, en el aniversario de la batalla del Blood River y del Juramento Afrikáner, cuando los saboteadores volaron instalaciones eléctricas y oficinas del Gobierno en Johannesburgo y Port Elizabeth.

Unos días antes, en Oslo, el rey Olaf de Suecia había otorgado a Albert Luthuli, el zulú que en aquellos momentos ostentaba el cargo de líder máximo del CNA, el premio Nobel de la Paz.

La decisión de crear el Umkhonto y de pasar a la lucha armada entrañó durante mas de una década la paralización de la acción política negra en Sudáfrica e hizo que las únicas voces de protesta contra el apartheid audibles en el interior del país procedieran durante esos años de los liberales blancos y de un solitario y vanidoso líder zulú, el jefe Mangosuthu Buthelezi.

El jefe zulú aceptó ser nombrado ministro- presidente del bantustán de KwaZulu y utilizó su cargo para prosperar personalmente y como plataforma para cuestionar de forma esporádica la política del Gobierno.

Aprovechando el vacío y jugando con la legalidad, se convirtió en la única resistencia política negra dentro del sistema.

Nelson Mandela, como sus camaradas, se sumergió en la clandestinidad.

Mandela había nacido el 18 de julio de 1918 en Umtata, en la provincia de Transkei. Era hijo de un jefe de la tribu Thembu y en 1940 fue admitido en la Universidad de Fort Hare.

Empezó a estudiar Derecho, alternando los exámenes con una febril actividad como líder estudiantil del Congreso Nacional Africano.

Junto a su amigo y compañero de militancia, Oliver Tambo —que falleció en mayo de 1993—, abrió en 1952 e1 primer bufete de abogados negros de Johannesburgo.

Desafiando las leyes territoriales del apartheid, los jóvenes letrados se instalaron en el centro de la ciudad, reservado solo para blancos, y se dedicaron a defender a las numerosas víctimas del racismo.

Ese mismo año, Mandela lanzo una «campaña de desobediencia civil», que le ganó una custodia policial permanente y la prohibición de participar en cualquier acto político.

Hasta 1961, a pesar de todo, Mandela prosiguió batallando y aprovechando las rendijas legales para acosar al régimen.

Ese año, dieciocho días después de la carnicería de Sharpeville, no tuvo otro remedio que sumergirse en la clandestinidad y su vida cambio para siempre.

En enero de 1962, salió subrepticiamente de Sudáfrica. Vestido de uniforme caqui, se dirigió a los jefes de Estado africanos reunidos en la cumbre de OUA en Addis-Abeba.

Se entrevistó con el emperador Haile Selassie, con el tanzano Julius Nyerere y con el argelino Habib Bourguiba.

Viajó a la recién independizada Argelia, donde fue recibido por Ahmed Ben Bella y siguió camino a Londres para solicitar ayuda.

En julio regreso, volviendo a cruzar escondido la frontera. La prensa en lengua inglesa anuncio el retorno de «Pimpinela Negra», y la policía movilizó todos sus efectivos para dar caza al «peligroso terrorista».

Mandela había encontrado un refugio excelente en Rivonia, en una granja propiedad de una pareja de pintores blancos «compañeros de viaje» del CNA.

El 5 de agosto de 1962, domingo, abandonó en coche la finca con dirección a la ciudad de Durban. Iba disfrazado de chófer junto a su «jefe», el director de teatro Cecil Williams.

Llevaban hora y media de camino cuando se dieron cuenta de que un coche los seguía.

«Consideré diversas posibilidades —relato años después el propio Mandela—. Había un terraplén al borde de la carretera. Hubiera podido salir corriendo, trepar y desaparecer por el descampado. Tenía mucha experiencia en este tipo de maniobras, pero eché un vistazo por el espejo retrovisor y me di cuenta de que nuestros perseguidores también podían acribillarme. Ya había varios coches detrás de nosotros. Nos hicieron señas para que nos detuviéramos. Me reconocieron y nos arrestaron. Dos oficiales se sentaron en la parte de atrás del automóvil. Durante todo el camino seguí dándole vueltas a la idea de escaparme, y solo dejé de hacerlo cuando llegamos a la comisaria y me di cuenta de que ya no tenia ninguna posibilidad de huir.»

En su primer juicio, fue condenado a tres años de cárcel por incitar a la huelga y a dos años mas por salir del país sin pasaporte.

Durante la vista, Mandela vistió en todo momento una capa de piel de leopardo, un símbolo de su origen principesco.

La estancia en la cárcel fue terrible para el líder del CNA, pero la situación se agravó dramáticamente el 24 de mayo de 1964.

Inesperadamente, le comunicaron que iba a abandonar la cárcel de Pretoria y, al cabo de una hora, viajaba en una furgoneta blindada junto con otros tres presos a un destino desconocido.

Los llevaban a la cárcel de máxima seguridad de Robben Island, el «Alcatraz sudafricano».

En la finca de Rivonia se descubrieron documentos que probaban que Mandela y el resto de militantes del CNA preparaban actos de sabotaje contra el Gobierno.

El juicio se reanudó el 9 de octubre de 1963, con Mandela acompañado en el banquillo por sus camaradas mas íntimos: Walter Sisulu, Govan Mbeki, Raymond Mhlaba, Ahmed Khatadra, Dennis Goldberg… El veredicto fue terrible: ocho condenas a cadena perpetua para 1os seis negros, el indio y el blanco que habían osado desafiar a Pretoria.

La siniestra fortaleza de Robben Island se convirtió en el hogar permanente de «Pimpinela negra».

Después vinieron las cárceles de Pollsmoor, en 1982 y, por ultimo, Víctor Verster, desde 1988 a 1990.

Mantener en prisión durante tanto tiempo a Mandela, convertido en un mártir, constituyó un quebradero de cabeza para el Gobierno sudafricano.

En 1985, e1 entonces presidente, P. W. Botha, intento negociar con e1 mítico preso para buscar una salida, en un momento en que e1 país sufría un grave aislamiento internacional.

La respuesta de Mandela fue lapidaria: «Un hombre sin libertad, no puede negociar.»

En 1960, en el momento de cruzar el Rubicón  de la violencia, los dirigentes del CNA recalcaron su decidida voluntad de respetar escrupulosamente vidas inocentes.

Imitando al CNA, que en asociación con el Partido Comunista había fundado Umkhonto  we Sizvve, el Congreso Panafricano (CPA) creo Poqo:

«Nosotros Solos». La guerrilla de Poqo fue diezmada en 1963, cuando mas de 3 000 de sus militantes cayeron como corderos en las redes policiales, tras unas declaraciones imprudentes de su jefe en el exilio, Potlako Leballo.

El 6 de septiembre de 1966 un conserje blanco desequilibrado mental que trabajaba en el Parlamento de Ciudad de El Cabo, irrumpió en el salón del edificio cuando Hendrik Verwoerd hipnotizaba a sus seguidores con uno de sus monótonos discursos y le clavó un puñal en el corazón.

Demetrios Tsafendas, el asesino loco, fue encerrado en un manicomio de por vida. Era el destino de Verwoerd.

En 1960, David Pratt, un rico granjero blanco, también loco, ya había disparado contra él y le había alcanzado en la cara.

Muerto a los 65 años y no por sus verdaderos enemigos, Verwoerd legó a su sucesor, John Vorster, una Sudáfrica modelada sobre el diseño del apartheid.

Desde el extranjero, Oliver Tambo organizaba dificultosamente la resistencia.

En 1967 una columna de Umkhonto apoyada por guerrilleros del ZAPU, la Unión del Pueblo Africano de Zimbabue, se infiltro a través de Zambia y fue exterminada por los rangers sudafricanos en la región de Wankie.

Cegados por su impotencia, los activistas negros derivaron hacia las acciones terroristas e, inevitablemente, el compromiso de evitar daños a la vida humana no pudo ser mantenido.

Tras las revueltas de Soweto en 1976 y la crisis de 1984-1987, las filas de Umkhonto en el exilio crecieron de 1.000 a 14.000 miembros, y sus líderes se vieron sometidos a una fuerte presión para intensificar la lucha.

Primero incluyeron en la lista de «objetivos legítimos» al personal de las Fuerzas de Seguridad, junto con las instalaciones y los objetivos económicos.

Luego añadieron a los granjeros de las zonas fronterizas, que auxiliaban a las patrullas del Ejército. Después a sus parientes.

Finalmente, decidieron que las bajas civiles inocentes eran parte del coste inevitable de la lucha armada.

En mayo de 1983, un coche-bomba explosionó en una  atestada calle de Pretoria, frente a la sede de la Fuerza Aérea, matando a 19 viandantes e hiriendo a casi 200.

A partir de 1985, el CNA comenzó a minar caminos rurales en el norte de Transvaal y las explosiones mutilaron por igual a granjeros blancos, jornaleros negros, mujeres blancas y niños negros.

Hubo bombazos en algún restaurante, frente a un estadio de rugby o en las escaleras de un juzgado y cuando los veteranos como Tambo protestaron, los radicales como Chris Hani replicaron que era la única forma de sacudir la tranquilidad de los blancos.

A pesar de la escalada de violencia, ésta se mantuvo en un nivel sorprendentemente bajo para un conflicto tan prolongado.

El escaso numero de muertos se debió en parte a la letal eficacia represiva de la policía sudafricana, que desarticulaba uno tras otro los comandos y siempre tuvo al CNA trufado de espías.

Otros factores que no se pueden desestimar fueron la ética religiosa de muchos sudafricanos negros y la influencia moderadora de los comunistas.

Treinta años antes de que lo hiciera cualquier otro partido blanco, el Partido Comunista sudafricano echó abajo todas las barreras raciales y acogió a los negros en sus filas.

Esta relación animo al CNA y a otros firmantes de la Freedom Charter a aplicar el análisis marxista al conflicto sudafricano, a considerarlo mas como una lucha de clases que como una lucha racial y aborrecer el terrorismo ciego.

No todos los negros suscribían estas teorías moderadas y no raciales.

Desde los años 50, inspirada en lo que ocurría en el resto del continente y entre los norteamericanos negros, una tendencia africanista ha estado presente en las capas mas profundas de las organizaciones antiapartheid.

En 1959 esa corriente subterránea emergió con fuerza a la luz, cuando un respetado intelectual negro llamado Robert Sobukwe rompió con el CNA y creo el Congreso Panafricano (CPA).

Pese a su indudable atractivo, el africanismo parecía un fenómeno efímero.

Florecía en torno a un líder carismático y cuando éste, se llamase Sobukwe, Kadalie, Thaele o Lembede, desaparecía de la escena, sus jóvenes seguidores se difuminaban.

El CAP no bandeo mejor que el CNA la dureza de la clandestinidad forzosa. Al igual que Mandela, Robert Sobukwe fue arrestado muy pronto y condenado a prisión. Murió de cáncer.

A finales de los años 60, con los principales partidos negros fuera de la ley, la corriente africanista se reencarno en un nuevo movimiento denominado Conciencia Negra (CN).

Fue un hombre joven, brillante, rebosante de humor, vida y carisma quien protagonizo el renacimiento de la resistencia interna. Se llamaba Stephen Bantú Biko y había nacido en 1948 en King William’s Town, en el este de la provincia de El Cabo.

Biko completó parte de sus estudios en Marian Hill, una institución católica liberal de Natal.

En L’Afrique Blanche, el periodista trances Pierre Haski dice que la precoz iniciación de Biko en la política tuvo lugar en 1963, cuando su hermano Kaya fue arrestado por pertenecer a la guerrilla Poqo.

Biko se inscribió en la Universidad de Durban, decidido a estudiar Medicina. Una vez en las aulas, se afilio a NUSAS, una de las escasas organizaciones antiapartheid que había sobrevivido a la represión y que estaba dirigida por liberales blancos.

Los radicales negros como Biko se sentían incomodos en el seno de NUSAS, que a sus ojos aparecía como un movimiento de sentido único, donde los blancos pronunciaban los discursos y los negros escuchaban. Decididos a campar por sus respetos, crearon en julio de 1969 la Organización de Estudiantes Sudafricanos (SASO) de la que Biko fue nombrado presidente.

«Los negros ya estamos hartos de ser meros espectadores de un juego que nos atañe personalmente» —declaró Biko a sus colegas—.

«Queremos hacer las cosas nosotros y para nosotros.»

Esa frase fue el acta de nacimiento de una nueva filosofía política: Conciencia Negra.

Al comienzo, paradójicamente, las autoridades no vieron con malos ojos el divorcio entre los estudiantes negros y los izquierdistas blancos.

No tardaron en percibir que el asunto llevaba dinamita. Conciencia Negra germinó en las ciudades, particularmente entre los jóvenes, fuertemente atraídos por el énfasis en la necesidad de una emancipación psicológica.

El mensaje era simple y se expandió como la pólvora. Fue una versión africana del Black is beautiful.

Lo «negro» se transformo en un valor positivo y, mas que una raza concreta o un color determinado, sirvió para englobar a todos los provenientes del campo de los oprimidos.

Los partidarios de Conciencia Negra no establecían diferencias entre africanos, mestizos e indios. Todos eran «black», excepto los privilegiados blancos.

Desconfiaban de los liberales, que defendían su causa escudados en la palidez de su piel. Rechazaban la importancia de la lucha de clases e insistían en la raza como el factor determinante.

El activismo de Biko le granjeó en seguida la enemistad de las autoridades. Expulsado de la universidad apenas finalizados los exámenes de tercer curso, fue desterrado en 1973 a su distrito natal.

Se le prohibió ejercer actividad política alguna durante cinco años. En el gueto de Ginsberg, junto a King William’s Town, ni siquiera se le permitía reunirse con más de una persona a la vez.

Biko no era un hombre fácil de doblegar. Desde el gueto organizó programas de ayuda comunitaria y un fondo destinado a auxiliar a las familias de los detenidos.

En 1975 erigió una clínica, gracias a1 dinero donado por el magnate blanco Harry Oppenheimer.

El 31 de enero de 1975 se inauguró en Pretoria el gran proceso a Conciencia Negra.

Trece cuadros, todos entre los veinte y los treinta años de edad, transformaron la sala en un show político.

Entraban puño en alto, gritando «¡dmnndfo!», que quiere decir «¡el poder!», y el publico negro les respondía «¡Nga- vvethu!», que significa «¡al pueblo!».

El juicio concluyó dos años mas tarde, con la reclusión en el penal de Robben Island de todos los encausados.

En 1976, Biko paso cien días en aislamiento total. En una  celda vecina, su colega Mapetla  Mohapi se «suicidó» ahorcándose con sus pantalones vaqueros.

El 18 de agosto de 1977, Biko fue arrestado de nuevo y acusado de terrorismo.

El 12 de septiembre un breve comunicado anuncio su muerte. La primera versión oficial fue que Biko, un hombre de treinta años y en plena forma física, había fallecido por negarse a ingerir alimentos y a beber durante una semana. La autopsia reveló heridas en la cabeza y traumatismo cerebral.

Durante la audiencia, iniciada a instancias de la familia, el abogado blanco Sydney Kentrige arrinconó a los policías hasta descubrir que habían mantenido a Biko desnudo en una celda de Port Elizabeth, con los pies encadenados.

Durante el interrogatorio, había sido brutalmente golpeado y cuando perdió la conciencia, en lugar de ser llevado al hospital, fue trasladado desnudo y en la trasera de un Land Rover hasta Pretoria, a 1.200 kilómetros de distancia.

Al ingresar en la penitenciaria, el médico se limito a ponerle un gota a gota. A los pocos minutos, Stephen Biko, cuya pasión y muerte sirvieron a Richard Attenborough como guion para la película ¡Grita libertad!, era un cadáver.

Conciencia Negra, su movimiento, sufrió el mismo destino que el CPA, al verse envuelto en una confrontación con el Gobierno blanco antes de disponer de una organización lo bastante solida para asegurar su supervivencia.

Conciencia Negra había optado por la paciencia antes que, por la heroicidad, pero ante el levantamiento espontáneo de Soweto en 1976 sus líderes no tuvieron más remedio que secundarlo.

Cuando el motín concluyó, la organización había sido prohibida, Biko torturado y asesinado y la mayoría de sus lideres se encontraban en prisión o en el exilio.

Otra fase del africanismo había terminado y solo quedaba el CNA como organización viable a la que adherirse.

ALFONSO ROJO

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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