La prosopografía y la etopeya
LA PROSOPOGRAFÍA Y LA ETOPEYA DE QUIEN ADICTO NO ES A LA EPOPEYA En mi habitación (me refiero al aposento donde duermo, regularmente, por las noches), enfrente de la pared en la que se exhibe (o trata de llamar la atención y, por tanto, de que se le vea) un crucifijo (que, velis nolis, siempre me recuerda un mismo verso endecasílabo, el