El campo también se digitaliza. Y lo hace en serio.
Llevamos años hablando de transformación digital como si fuera algo reservado para startups de Silicon Valley, para bancos con miles de empleados o para supermercados que quieren competir con Amazon. Nos hemos acostumbrado a contar historias de digitalización con logos de empresas tecnológicas de fondo, con hoodie y MacBook de por medio.