20 HÁBITOS PARA UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE

Masticar conscientemente, despacio y en pequeñas cantidades

Masticar conscientemente, despacio y en pequeñas cantidades
La boca, los labios, la lengua y la saliva. PD

La masticación forma parte del proceso de la digestión y es el comienzo de una serie de transformaciones del alimento para obtener todos sus beneficios.

Masticar conscientemente ya es una terapia en sí misma beneficiosa para nuestra salud y la base de una excelente digestión, pues hacerlo deficientemente puede ocasionar una serie de problemas a posteriori.

El acto de masticar la comida es, en la mayoría de las ocasiones, un hecho al que apenas prestamos atención; hacerlo conscientemente nos aporta una serie de beneficios:

  1. Se debe masticar de 25 a 50 veces cada bocado para envolverlos con las enzimas que se producen en la boca; así prevenimos que el estómago y el intestino tengan que hacer un trabajo extra y producimos un bolo alimenticio más digerible y los alimentos se des- componen de forma más rápida, lo que agiliza la digestión y evita malas digestiones y pesadez
  2. Comeremos menos pues, al ir más despacio y tardar más tiempo con cada bocado, la señal de saciedad llegará a nuestro cerebro aproximadamente 20 minutos más tarde, con menos cantidad de comida ingerida. Esto calma el sistema nervioso y reduce la ansiedad por la comida, ayudándonos a mantener un peso saludable
  3. Al obtener más saliva con una buena y abundante masticación, segregaremos una hormona llamada parolina –que se produce en la glándula parótida– que a su vez activa diversas funciones orgánicas y actúa contra del envejecimiento del organismo
  4. La cavidad bucal es el lugar de recepción de los alimentos. En ella encontramos los dientes, la lengua y las glándulas salivares que serán los encargados de realizar dos proce- sos muy importantes: masticar y ensalivar. Al cortar, tritu- rar, ablandar y rasgar los alimentos, obtenemos de ellos todo su sabor, apreciamos su textura y si pueden existir en ellos sustancias extrañas, tóxicas o irritantes. Al masticar convertirmos la comida ingerida en pequeños trozos que son envueltos en las enzimas digestivas que se producen en la boca.

La saliva es una secreción de las glándulas salivares (parótida, submaxilar, sublinguales y salivares menores) dentro de la cavidad oral; humedece las mucosas, las protege y repara, lubrica los labios y la lengua, facilita el habla y la deglución y controla las bacterias que se encuentran en la cavidad bucal, ejerciendo una función protectora frente a infecciones.

Se estima que la producción de saliva en condiciones normales es de 1-1,5 l./día. Su pH va de 6,3 a 6,8, siendo una de sus funciones mantenerse lo más neutra posible para evitar la desmineralización del esmalte dental y neutralizar el medio ácido tras la comida.

Las variaciones de pH son importantes para la estimulación de la producción de determinadas enzimas.

La saliva está compuesta por muchas sustancias entre las que destacaremos un 98% de agua, electrolitos y enzimas muy numerosas como la amilasa salival o ptialina, la lisozima y la lipasa salival.

La importancia de la amilasa salival, llamada también ptialina, deriva del hecho de que se encarga de digerir los hidratos de carbono ya desde la boca, transformando el almidón (polisacárido y principal fuente de carbohidratos en la alimentación) y otros carbohidratos presentes en las verduras, las legumbres, los productos lácteos, el azúcar de mesa, etc. (disacáridos y oligosacáridos) y degradándolos hasta formar azúcares más simples que es como pueden pasar al torrente sanguíneo.

De esta manera, ensalivar bien los hidratos de carbono hará que lleguen con un proceso ya iniciado de digestión y ayudará en el siguiente paso que se producirá en el estómago.

La amilasa salival actúa en una solución alcalina, neutra o ligeramente ácida; si el pH llega a 4, esta enzima se destruye, y si hay una alcalinidad excesiva, se inhibe.

Un ejemplo de ello es el siguiente: si tomamos una ensalada aliñada con vinagre (ácido acético) o limón/lima (ácido cítrico), y la acompañamos de pan (almidón), se debería segregar amilasa para degradar el almidón, pero esta función se verá interrumpida al encontrar la enzima un ácido; así pues, el pan-almidón llegará al intestino sin haber sido procesado, donde otra enzima intentará realizar esa tarea, pero en muchas ocasiones el almidón ya habrá empezado un pro-ceso de fermentación y putrefacción.

La lisozima es una enzima, que además de estar presente en la saliva, también se encuentra en otras secreciones como las lágrimas y el moco.

Actúa frente a las infecciones y para combatir los microorganismos extraños a la flora oral habitual.

La lipasa salival inicia la digestión de las grasas las más abundantes en nuestra dieta son los triglicéridos en la boca bien es cierto que en una pequeña cantidad porque serán el estómago y el intestino los encargados de degradarlas completamente.

Masticando bien encontraremos una riqueza de sabores que a veces pasan desapercibidos y se estimularán distintos órganos y sus correspondientes emociones:

  1. ÁCIDO/AGRIO
    Sabor relacionado con la creatividad y la iniciativa. Aunque no conviene abusar de él si se tiene tendencia al enfado y a la ira. Influye positivamente en la paciencia y en la flexibilidad.
  2. AMARGO
    La emoción que favorece este sabor es la seguridad en uno mismo, pero si se está muy sobrecargado o con tendencia a la euforia, no conviene excederse con él. Al tomarlo nos ayudará a estar más tranquilos y en ar- monía.
  3. DULCE
    Es el sabor de la compasión y la soledad, le gusta com- partir. A él están vinculadas la empatía, la madurez y la nostalgia. Es importante reducir su consumo cuando hay tendencia a la preocupación y a la obsesión.
  4. PICANTE
    Este sabor se asocia con la tristeza por lo que, en dosis moderadas, puede compensar este estado de ánimo. También ayuda a salir de estados agresivos, contribuyendo a estar más positivos, más expresivos y de buen humor.
  5. SALADO
    Es un sabor relacionado con el miedo. Se debe incluir en todas las comidas un poquito de sabor salado, esto nos dará valor y fuerza.

El equilibrio está en el uso moderado de todos ellos, en las buenas mezclas sin abusar de ninguno.

Mahatma Gandhi afirmaba: hay que beber como si comiéramos y comer como si bebiéramos.

Al beber es necesario mover la mandíbula como si estuviésemos masticando para que la bebida se mezcle con la saliva, y se deben masticar los alimentos hasta dejarlos líquidos.

En un paralelismo entre la función digestiva y las experiencias en la vida, la boca cumple la de recepción y transformación.

Por tanto, el modo en cómo mastique una persona da idea de cómo transforma las experiencias de su vida para poder asimilarlas; vivir deprisa tiene su reflejo en masticar rápida y escasamente.

Masticar despacio y bien fomenta la paciencia, la calma y la tranquilidad, todas ellas buenas cualidades, y nos ayuda a extraer de los alimentos su energía para nuestra salud.

Masticar así, con este nivel de consciencia, puede considerarse un arte.

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