20 HÁBITOS PARA UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE

Sustituir la leche animal y derivados por leches vegetales

Sustituir la leche animal y derivados por leches vegetales
Vacas lecheras. PD

La leche de vaca y sus derivados (mantequilla, queso, yogurt) son alimentos de un gran consumo en la sociedad occidental.

Con la industrialización, y más concretamente, con la aparición de procesos como la pasteurización (1864, Pasteur y Bernard) que permiten una duración más larga en su conservación e higiene, se ha dado un gran impulso a estos productos.

Y desde mediados del Siglo XX, poco a poco, han ido inundando las estanterías de los supermercados con infinidad de variedades dirigidas a todos los públicos y en especial a los niños bajo el reclamo de salud y crecimiento.

La leche es un alimento materno destinado a las crías y por un breve espacio de tiempo.

Los lácteos poseen una riqueza nutricional con proteínas importantes para nuestro crecimiento, minerales como el calcio, hidratos de carbono como la lactosa, grasa, etc.

Cabe destacar que cuando se les retira la grasa pierden vitaminas como la A y la D.

El yogurt es un fermento que ayuda a mantener sana la flora intestinal.

A pesar de sus beneficios, cada vez hay un número mayor de especialistas que cuestionan el valor nutricional que tienen para nosotros estos productos, y que aportan estudios muy bien fundamentados para que eliminemos los lácteos de nuestra dieta.

Citaremos sólo algunas de sus conclusiones y de forma muy sucinta:

  1. Intolerancia a la lactosa: con frecuencia suele ser la primera de las causas para no consumir lácteos. A partir de cierta edad (entre 1-7 años), se va perdiendo una enzima, la lactasa, que metaboliza el azúcar de la leche, la lactosa. Los síntomas de esta intolerancia suelen ser muy amplios: distensión abdominal, cólicos, diarreas, gases, malestar general, etc.
  2. Aporte de calcio: los lácteos, a pesar de ser una fuente de calcio, ejercen un papel desmineralizante del organismo. Este proceso se debe a la acidez gene- rada por las proteinas lácteas y la relación calcio/fósforo de la leche. Cuando el cuerpo está ácido necesita minerales alcalinos que contrarresten esta situación para equilibrar el pH orgánico y para ello extrae los minerales principalmente del hueso. Además, un aporte excesivo de calcio se puede acumular en los riñones y en el sistema cardiovascular.
  3. Contribuye a la mucosidad: hay situaciones como catarros, alergias, y afecciones respiratorias en general, en las que el consumo de estos productos se relaciona con una mayor mucosidad. Pero sin necesidad de que exista una patología previa, los lácteos también favorecen la producción de moco en las membranas de la nariz y la faringe, como reacción de nuestro sistema inmunitario a las proteínas de la leche de vaca.

Composición grasa: la leche de vaca tiene un contenido en grasa de entre 3,5 a 6% dependiendo de la raza del animal y del alimento que éste haya consumido, de los cuales casi un 60-70% son ácidos grasos saturados y 30-40% insaturados, lo que hace que tenga una estructura que favorece la formación de sustancias inflamatorias (eicosanoides: prostaglandinas y leucotrienos).

Además, cuando se la somete a procesos caloríficos (pasteurización y homogeneización), los ácidos grasos, que tienen una función más protectora, pierden esta propiedad; por tanto la leche es un alimento que favorece la inflamación.

A su vez los procesos a los que son sometidos los lácteos hacen que las grasas atraviesen las paredes intestinales sin ser digeridas, lo que aumenta los índices de colesterol y grasa en sangre.

Proteínas: entre la composición de la leche destacamos la caseina por ser una de las proteínas principales; representa aproximadamente un 85%, pero hay más de 25 proteínas en ella que pueden producir reacciones alérgicas. Las caseinas de la leche materna son perfectamente asimilables por el lactante pero no así las de vaca con proporciones de hasta 300% más de caseína.

Pueden causar alergias con reacciones más o menos abruptas y rápidas o, por el contrario, lentas y más sutiles.

Son altamente inmunogénicas, lo que quiere decir que plantean una gran presión sobre el sistema inmunitario y, puede hacer más vulnerables a infecciones y otro tipo de alergias a las personas con una salud frágil.

Las enfermedades relacionadas con la ingesta de leche cuando hay un consumo excesivo de esta sustancia son muy numerosas: coronarias, respiratorias, digestivas, urinarias, neurológicas, artritis reumatoide y osteoporois, anemia ferropénica, diferentes tipos de tumores (mama, pulmón, páncreas, testículos, ovarios, linfomas, estómago), migraña, diabetes tipo I, reacciones alérgicas, estreñimiento, síndrome de mala absorción, colón irritable, fatiga crónica, etc.

También hay que tener en cuenta el trato dado a los animales.

Hoy en día la industria lechera ejerce una gran sobreexplotación sobre ellos.

Por supuesto hay excepciones, pero, en general, se realiza una selección genética de la raza, alimentación con cereales OMG y forraje contaminado con herbicidas y pesticidas, crianza artificial de los terneros, animales hormonados para aumentar la producción…

Estas sustancias llegan hasta nosotros. El exceso de leche también genera mastitis a las vacas que son tratadas con antibióticos y antiinflamatorios, etc.

Por tanto las sustancias tóxicas que nos encontramos en la leche son nu- merosas.

LECHES O BEBIDAS VEGETALES

Son alimentos muy nutritivos que contienen altos contenidos de vitaminas, minerales, aminoácidos, ácidos grasos y proteínas, con sabores muy agradables, de fácil digestión, que carecen de lactosa, contienen menos grasa (AGP), y tienen un bajo contenido calórico (excepto la almendra).

Son una buena elección cuando se tienen, entre otros, problemas digestivos e intestinales, cardiovasculares, hipertensión arterial, intolerancias o alergias a la lactosa y a la caseína, y mejoran las enfermedades de la piel.

La mejor elección son las elaboradas con productos ecológicos. Su preparación es sencilla y consiste en triturar la semilla, grano o fruto, añadirles agua y, si se desea mejorar el sabor o endulzarlas, incorporar alguna sustancia para ello.

La oferta de estos productos en el mercado es muy extensa en cuanto a variedad y presentación. Veamos sólo algunas de ellas:

  1. Leche de avena: posee grandes propiedades nutritivas y energéticas. Es suave de digerir y está reco- mendada para combatir el cansancio y la convalecencia en estudiantes y personas mayores. Al contener una importante cantidad de fibra favorece el intestino.
  2. Leche de almendras: es muy digestiva. Contiene importantes cantidades de calcio, fósforo y vitaminas A y del grupo B y un alto contenido en fibra. Es recomendable en niños y adolescentes en crecimiento, en ancianos y personas con problemas digestivos.
  3. Las leches de otros frutos secos (avellana, nueces, anacardos) tienen propiedades similares a la de almendra.
  4. Leche de arroz: es una bebida muy ligera, que con- tiene menos calorías, grasas, proteínas y minerales que las anteriores. Es una bebida relajante al aportar vitaminas del grupo B y triptófano y es muy digestiva. Se emplea en personas postoperadas, para perder peso, y para tratar enfermedades inflamatorias intestinales y cardiovasculares.
  5. Leche de soja: la soja es una legumbre con excelentes propiedades como vitaminas, minerales y es baja en grasa por lo que es una alternativa para quien padezca problemas de colesterol y diabetes. Contiene unas sustancias llamadas isoflavonas que son fitoestrogenos y que no deben consumirse en exceso. No se recomienda en personas que son alérgicas o que tie- nen intolerancia a las legumbres.

Estas alternativas a la leche de vaca son excelentes, pues no plantean carencias nutricionales e incluso son muy recomendables si se padecen ciertas patologías.

Asimismo son muy versátiles a la hora de incorporarlas como ingredientes en la cocina.

En definitiva constituyen una buena elección.

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