Camille Paglia

Sexual Personae: amor, deseo y erotismo

‘Sexual Personae’: Arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson

Sexual Personae: amor, deseo y erotismo
Erotismo, placer, dolor. PD

«El amor occidental es un desplazamiento de realidades cósmicas. Es un mecanismo de defensa que trata de racionalizar unas fuerzas incontroladas e  incontrolables. Como la religión primitiva, es un mecanismo que nos permite dominar nuestro miedo original.»

«Yo mantengo la teoría de que siempre que se persigue o se logra la libertad sexual, no anda lejos el sadomasoquismo. El romanticismo siempre termina convirtiéndose en decadencia. La naturaleza es una verdadera tirana. Es el martillo y el yunque entre los que queda aplastada nuestra individualidad. La libertad perfecta significaría morir víctima de los cuatro elementos.»

«Este libro muestra hasta qué punto la cultura se opone a nuestros deseos. La integración del cuerpo y el espíritu del hombre es un problema profundo que no se resuelve sin más diciendo que el sexo es una actividad recreativa o ampliando los derechos civiles de las mujeres. La encarnación, la limitación del espíritu por la materia, es un ultraje para la imaginación. Igualmente ultrajante es el género, que no hemos escogido, sino que nos ha venido impuesto por la naturaleza. Nuestro cuerpo físico es un tormento; nuestro cuerpo es el árbol de la naturaleza en el que Blake nos ve crucificados.»

«El erotismo es un misterio, es decir, es el aura de emoción e imaginación que envuelve al sexo. No se puede “estipular” mediante códigos de conveniencia social o moral, ya provengan de la izquierda o la derecha política, pues el fascismo de la naturaleza es mayor que el de cualquier sociedad. En las relaciones sexuales hay una inestabilidad demónica que tal vez no tengamos más remedio que aceptar.»

«Como muestra Denis Rougemont, el amor occidental es desgraciado o está obsesionado con la muerte. En Dante y en Petrarca, el amor que frustra al amante no es neurótico, sino ritual y conceptualizador. Occidente convierte en arte y pensamiento la fría manipulación de nuestras firmes “personas del sexo”. El ser dominado por la personalidad hermosa es fundamental en el Romanticismo, especialmente en la oscura corriente coleridgiana, que llega, a través de Poe y Baudelaire, hasta Wilde. El prerrafaelista, Dante Gabriel Rossetti, imitando a su homónimo, se inventó a su propia Beatriz, la enfermiza Elizabeth Siddal, que aparece obsesivamente en toda su obra.»

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