CAMILLE PAGLIA

‘Sexual personae’: machos y hembras

Arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson

'Sexual personae': machos y hembras
Mujer, erotismo y placer. PD

«El sexo es metafísico para los hombres, pero no para las mujeres. Las mujeres no tienen que solucionar ningún problema mediante el sexo. Tienen una serena autosuficiencia tanto física como psicológica. Si quieren, pueden escoger llegar a algo, pero no lo necesitan. No tienen unos cuerpos díscolos que las lancen más allá de sí mismas. Pero los hombres están desequilibrados. Tienen que buscar, perseguir, cortejar, tomar. Pichones en la hierba, ¡ay!: en esos rituales podemos saborear el cómico patetismo del sexo.»

«El amor materno, el odio materno, hacia ella o de ella, es un gigantesco conglomerado de poder natural. La igualdad política de la mujer no acabará en modo alguno con esta confusión emocional que existe por encima y por debajo de la política, fuera de los patrones de la vida social. Sólo cesará la lucha entre madre e hijo cuando todos los niños nazcan en tubos de cristal. Pero en un futuro totalitario en el que la procreación dejara de estar en las manos de las mujeres, no habría tampoco ni afecto ni arte.»

«El que la naturaleza actúa de forma distinta en uno y otro sexo resulta demostrado si estudiamos el caso de la homosexualidad masculina y femenina hoy, un caso que ilustra hasta qué punto los sexos funcionan diferentemente incluso fuera de la convención social. El resultado, conforme a las estadísticas, es: el homosexual masculino tiende a tener un comportamiento sexual “de sátiro”, mientras que las mujeres homosexuales tienden a “crear nido”. El hombre homosexual tiene relaciones sexuales con más frecuencia que el heterosexual; la mujer homosexual, con menos frecuencia que la heterosexual: una polarización de los sexos en cada extremo de la línea compartida de inconformismo sexual. La agresividad y la lascivia masculinas constituyen unos factores vigorizantes para la cultura. Son los mecanismos de supervivencia del varón en la inmensidad pagana de la naturaleza femínea.»

«La sexualidad masculina es búsqueda de romance, exploración, especulación. Puede que la promiscuidad masculina degrade el amor, pero agudiza el conocimiento. La promiscuidad en las mujeres es una enfermedad, una pérdida de identidad. La mujer promiscua se corrompe y es incapaz de  tener las ideas claras. Ha fracturado la integridad ritual de su cuerpo. La naturaleza actúa a favor de sus intereses incitando al macho dominante a esparcir indiscriminadamente su simiente. Pero también se beneficia de la pureza femenina. Incluso la mujer liberada o la lesbiana escucha un susurro de contención biológica: mantén limpio el canal del nacimiento. Refrenándose juiciosamente como lo hace, la mujer protege un feto invisible.»

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