Los cinco pilares de la felicidad del niño

Relación: Normas

CÓMO EDUCAR PARA GENERAR ADULTOS FELICES

Relación: Normas
Educación enseñanza, escuela, ideas. PD

Las normas son necesarias; primero porque for- man parte del mundo real y también porque sirven al niño para aprender hábitos, valores, a sentirse seguro, autónomo y valorado.

También le sirve para generar autocontrol, autoestima y para sentir que pertenece a su núcleo familiar o social.

¿Pero por qué nos cuesta tanto implantar normas y hacerlas cumplir? Puede que la falta de tiempo nos lleve a ser indulgentes o sea tal vez para evitar conflictos, o por pereza o para que no se nos considere autoritarios.

Incluso puede ser por la falta de criterio respecto a qué normas se deben aplicar en función de la edad del niño.

Sea como fuere, renunciar a aplicar las normas le llevará a perder la autoridad y probablemente pasará de ser su madre, padre o educador a ser otra cosa.

Tal vez, en el mejor de los casos, ya no será su padre sino su amigo, con lo que habrá conseguido dos cosas: dejar huérfano a su hijo y ceder al azar y a los demás su influencia.

Para establecer las normas hay que observar varios criterios: deben ser claras, específicas, formuladas en positivo, negociadas si es posible y firmes.

Las alabanzas y los reproches tienen  que dirigirse a las conductas y no al niño globalmente; el niño no es malo ni bueno, tiene conductas correctas o incorrectas en función de las normas que establecemos.

Tal cual es, lo amamos, pero tenemos la responsabilidad y la oportunidad de educarlo.

Por ejemplo, para enseñarle a permanecer sentado en el restaurante hasta que todos los de la mesa hayan terminado, se pueden expresar frases del siguiente te- nor:

  • •     Tendrás que esperar a que todos hayan terminado porque nos hace feliz que estés con nosotros en la mesa
  • •     En los restaurantes se espera que permanezcamos sentados por respeto a los demás y a los trabajadores

Supongamos que este niño se queda sentado; al finalizar no podemos dejar de elogiarlo explícitamente.

Si por el contrario se ha mostrado desafiante o ha abandonado su asiento,  sin enfadarnos procederemos a subrayar la conducta equivocada y cuanto antes aplicaremos una sanción coherente que dificulte que esa conducta se repita.

Ensayar las conductas que esperamos del niño tiene una fuerza que a veces desconocemos.

Imagínese que quiere que su hijo de tres años aprenda a respetarlo cuando desea algo y usted se encuentra ocupado, es decir, a solicitar su atención de forma respetuosa.

Cuando el niño se encuentre tranquilo demande su atención y explíquele brevemente lo que espera de él.

Inmediatamente invítele a simular la escena y repítala con humor dos o tres veces. Verá qué efectiva resulta la herramienta del ensayo.

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